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    <title>Radio Vaticano - Clips-SPA</title>
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    <description>La voz del Papa y de la Iglesia dialogan con el mundo</description>
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      <title>El 'sí' de Jesús, el 'sí' de María: Catequesis</title>
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      <description>(RV).-  (Audio)   00:02:27:58   Esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano siguiendo la temática de la semana pasada dedicó su catequesis a la Oración de Jesús, en esta ocasión en el huerto del Getesemaní, en la proximidad de su muerte.

El Sucesor de Pedro se refirió a que Jesús a través de gestos y palabras asume sobre Sí mismo todas las penas de la humanidad. Esa noche, dijo el Papa hablando en italiano, Jesús se prepara para la oración personal.  Pero esta vez sucede algo nuevo: parece que no quiere permanecer solo. Mucha veces Jesús se retiraba de la multitud y de los discípulos, permaneciendo en lugares desiertos o subiendo al monte. En Getsemaní, en cambio, invita a Pedro, Santiago y Juan para que permanezcan cercanos a Él. Son los discípulos que ha llamado a estar con Él en el monte de la Transfiguración.

El Papa explicó  que esa noche Jesús rezará al Padre permaneciendo solo porque su relación con Él es del todo única y singular: es la relación del Hijo Unigénito. Y casi se diría que sobre todo en aquella noche nadie puede verdaderamente aproximarse  al Hijo, que se presenta al Padre en su identidad absolutamente única y exclusiva. Jesús, sin embargo si bien llega solo al lugar donde se detendrá a orar, quiere que por lo menos tres discípulos permanezcan cerca, en una relación más estrecha con Él. Se trata de una cercanía de espacio, una solicitud de solidaridad en el momento en el que siente que la muerte se aproxima, pero sobre todo es una cercanía en la oración para expresar, de alguna manera, la sintonía con Él, en el momento en el que se dispone a cumplir a fondo la voluntad del Padre y es una invitación a cada discípulo a seguirlo en el camino de la Cruz.
(PLJR - RV)


Al saludar a los peregrinos polacos en su idioma el Papa les dijo que “la oración de Jesús en el huerto del Getsemaní es una expresión de la total sumisión de la propia voluntad  y a la entrega de su vida a Dios Padre”. Y añadió que todos  estamos invitados a tener esa confianza y a cumplir la voluntad de Dios. “Sin embargo –agregó el Papa– los testigos especiales de  semejante entrega son en la Iglesia las personas consagradas”. Por esta razón pidió que al celebrar mañana su jornada, “pidamos a Dios que con el poder del Espíritu Santo los fortalezca en el camino del cumplimiento de su voluntad”. 

Al dar su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, Benedicto XVI se dirigió de modo particular a los Obispos amigos de la Comunidad de San Egidio, procedentes de diversos países de Europa, África y Asia, a quienes animó a “trabajar con entusiasmo al servicio del Evangelio, a pesar de las dificultades que a veces puedan encontrar en su misión”. El Papa también saludó “con afecto” a los Carabineros de la región de Umbría y a los representantes de la Marina Militar de Grottaglie. A todos ellos, llamándolos “queridos amigos”, el Obispo de Roma les agradeció su presencia y los exhortó a “vivir con fidelidad su trabajo y a enriquecerlo con su personal testimonio cristiano”. 

Al dirigir, por último, su habitual saludo a los jóvenes, enfermos y recién casados presentes en esta audiencia, el Santo Padre destacó la figura de san Juan Bosco, que recordamos ayer y que “nos lleva –dijo–  a considerar cuán importante es educar a las nuevas generaciones en los auténticos valores humanos y espirituales de la vida”. Sobre los queridos jóvenes  el Papa invocó la protección particular del Santo de la juventud y manifestó su deseo de que encuentren siempre “educadores sabios y guías seguras”. A los queridos enfermos el Pontífice les recordó que su sufrimiento, ofrecido con generosidad al Señor, puede hacer fecundo el empeño que la Iglesia dedica al mundo juvenil. Mientras a los recién casados les pidió que se preparen para ser “los primeros e insustituibles educadores de los hijos que el Señor les dará”.
(MFB - RV)


TEXTO DEL AUDIO: CATEQUESIS EN ESPAÑO Y SALUDOS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo hablar hoy sobre la oración de Jesús en Getsemaní, en la que acompañado por tres de sus discípulos y sintiendo la proximidad de su muerte, ora íntimamente al Padre.Jesús a través de gestos y palabras, llevando a plenitud el designio de amor, asume sobre si todas las penas de la humanidad, las preguntas  y las suplicas de la historia de la Salvación. Pone de manifiesto su  total obediencia, abandono y confianza en el Padre. Si bien experimenta la angustia y el miedo ante la muerte, así como la turbación por el mal que debe cargar sobre sí, se abandona totalmente y las presenta al Padre que las acoge y lo escucha resucitándolo de entre los muertos.
Aprendamos también nosotros en la oración a poner ante Dios las fatigas y los sufrimientos, los esfuerzo de cada día para seguirlo. Supliquémosle que nos  haga sentir su cercanía y nos done su luz. Confiemos en su Providencia divina para conformar así su voluntad a la nuestra, repitiendo cada día el “si” de Jesús, el “si” de María. 

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Chile, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Queridos amigos pidamos al Señor para que seamos capaces de vigilar con Él en oración, de cumplir su voluntad cada día aunque comporte sacrificio. Que estemos dispuestos a vivir una intimidad cada vez más grande con Él. Muchas gracias.





Traducción completa de la catequesis 


Queridos hermanos y hermanas,

Hoy me gustaría hablar de la oración de Jesús en Getsemaní, en el Huerto de los Olivos. El escenario de la narración evangélica de esta oración es particularmente significativo. Jesús se dirige al monte de los Olivos después de la Última Cena, mientras está rezando juntos con sus discípulos. El evangelista Marcos relata: "Después de haber cantado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos" (14:26). Es probable que aluda al canto de algunos Salmos de Hallèl  con los que se da gracias a Dios por la liberación del pueblo de la esclavitud y se le pide su ayuda por las dificultades y las amenazas siempre nuevas del presente. El camino hasta Getsemaní está lleno de expresiones de Jesús que hacen sentir ya próximo su destino de muerte y anuncian la inminente dispersión de los discípulos.


Una vez llegados a la finca, en el Monte de los Olivos, también esta noche Jesús se prepara para la oración personal. Pero esta vez pasa algo nuevo: parece no querer estar solos. Muchas veces, Jesús se retiró aparte de la muchedumbre y de los propios discípulos, quedándose "en lugares desiertos" (cf. Mc 1,35) o subiendo "en la montaña", dice San Marcos (cf. Mc 6,46). En Getsemaní, en cambio, invita a Pedro, Santiago y Juan a estar más cerca de él. Son los discípulos que llamó a estar con Él en el monte de la Transfiguración (cf. Mc 9,2-13). Esta proximidad de los tres durante la oración en Getsemaní es significativa. También aquella noche, Jesús rezará al Padre "a solas", porque su relación con Él es totalmente única y singular: es la relación del Hijo Unigénito. Parece, en efecto, que especialmente aquella noche nadie pueda verdaderamente acercarse al Hijo que se presenta al Padre, en su identidad exclusiva y única. Jesús, sin embargo, a pesar de venir "solo" en el lugar donde se detiene a rezar, quiere que por lo menos tres de sus discípulos queden no muy lejos de él, en una relación más estrecha. Se trata de una proximidad espacial, de una petición de solidaridad cuando siente aproximarse la muerte, pero es sobre todo una cercanía en la oración, para expresar de alguna manera, la sintonía con Él, en el momento que se prepara a cumplir totalmente la voluntad del Padre, y es una invitación a todos los discípulos a seguirlo en el camino de la Cruz. El evangelista Marcos nos cuenta: "Él tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quedaos aquí velando "(14,33-34).

En las palabras que dirige a los tres, Jesús, una vez más, se expresa en el lenguaje de los salmos: "Mi alma está triste," así dice el Salmo 43 (cf. Sal 43,5). La dura determinación de "hasta la muerte", llama a una situación vivida ya por muchos de los mensajeros de Dios en el Antiguo Testamento y se expresa en sus oraciones. Muy a menudo, de hecho, seguir la misión a ellos confiada significa encontrar hostilidad,  rechazo, persecución. Moisés padece dramáticamente la prueba mientras lleva el pueblo en el desierto, y le dice a Dios: " Yo solo no puedo soportar el peso de todo este pueblo: mis fuerzas no dan para tanto. Si me vas a seguir tratando de ese modo, mátame de una vez. Así me veré libre de mis males». (11,14 a 15 Nm). También para el profeta Elías no es fácil de llevar a cabo el servicio a Dios y a su pueblo. En el Primer Libro de los Reyes se dice: "Entra en el desierto un día de camino y se sentó debajo de un enebro. Querer morir, dijo: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame la vida, porque yo no valgo más que mis padres!».(19,4).
 
Las palabras de Jesús a los tres discípulos que quiso a su lado durante la oración en el Getsemaní revelan cómo sentía miedo y angustia en aquella «Hora», cómo experimenta la última profunda soledad precisamente mientras que el diseño de Dios se está cumpliendo. Y en el miedo y la angustia de Jesús se condensa todo el horror del hombre ante su propia muerte, la certeza de su inexorabilidad y la percepción del peso del mal que roza nuestra vida.

Tras la invitación a los tres a quedarse en vela en oración, Jesús «en soledad» se dirige al Padre. El evangelista Marcos narra que Él  «adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora» (14,35). Jesús postró su rostro en la tierra: es una posición de la oración que expresa la obediencia a la voluntad del Padre, el abandono total y confiado a Él. Es un gesto que se repite al inicio de la celebración de la Pasión, el Viernes Santo, al igual que en la profesión monástica y en las ordenaciones diaconales, presbiterales y episcopales, para expresar, en la oración e incluso corporalmente la entrega completa a Dios, la confianza en Él. Después Jesús pide al Padre que, si fuese posible, no tuviera que pasar por esa hora. No es sólo el miedo y la angustia del hombre frente a la muerte, sino la conmoción del Hijo de Dios que contempla la terrible masa del mal que deberá tomar sobre Sí para superarlo, para privarlo de poder.

Queridos amigos, también nosotros, en la oración debemos ser capaces de llevar ante Dios nuestras debilidades, el sufrimiento de ciertas situaciones, de ciertas jornadas, el compromiso cotidiano de seguirlo, de ser cristianos y también el peso del mal que vemos en nosotros y nos rodea, para que Él nos dé esperanza, nos haga sentir su cercanía, nos done un poco de luz en el camino de la vida.

Jesús continúa su oración: «Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mc 14,36). En esta invocación hay tres pasajes reveladores. Al inicio tenemos la repetición del término con el que Jesús se dirige a Dios: «¡Abba! ¡Padre!» (Mc 14,36a). Sabemos bien que la palabra aramea Abba es la que usaba el niño para dirigirse al papá y por lo tanto expresa la relación de Jesús con Dios Padre, una relación de ternura, de afecto, de confianza, de entrega. En la parte central de la invocación se encuentra el segundo elemento: la conciencia de la omnipotencia del Padre -«todo te es posible»-, que introduce una petición en la que, una vez más, aparece el drama de la voluntad humana de Jesús ante la muerte y el mal: «aleja de mí este cáliz». Pero queda la tercera expresión de la oración de Jesús y es la decisiva, en la que la voluntad humana conecta completamente con la voluntad divina. De hecho, Jesús concluye diciendo con fuerza: «pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mc 14,36c). En la unidad de la persona divina del Hijo la voluntad humana encuentra su plena realización en la entrega total del Yo al Tú del Padre, llamado Abba. San Máximo el Confesor afirma que desde el momento de la creación del hombre y la mujer, la voluntad humana se ha orientado a la divina y es precisamente con el “sí” a Dios que la voluntad humana es plenamente libre y encuentra su realización. Por desgracia, a causa del pecado, este “sí” a Dios se ha transformado en oposición: Adán y Eva pensaron que el “no” a Dios sería el vértice de la libertad, el ser totalmente ellos mismo. En el Huerto de los Olivos Jesús devuelve a la voluntad humana el “si” total a Dios; en Él la voluntad natural está totalmente integrada en la orientación que le da la Persona Divina. Jesús vive su experiencia según el centro de su Persona: su ser Hijo de Dios. Su voluntad humana es atraída dentro del Yo del Hijo, que se abandona totalmente al Padre. De esta forma Jesús nos dice que solo ajustando la propia voluntad a la divina, el ser humano alcanza su verdadera altura, se convierte en divino; solo saliendo de sí mismo, solo en el “sí” a Dios, se realiza el deseo de Adán, de todos nosotros, de ser completamente libres. Y esto es lo que Jesús cumple en el Getsemaní: trasfiriendo la voluntad humana a la voluntad divina nace el verdadero hombre, y nosotros somos redimidos.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica enseña sintéticamente: «La oración de Jesús durante su agonía en el Huerto de Getsemaní y sus últimas palabras en la Cruz revelan la profundidad de su oración filial: Jesús hace que se cumpla el diseño de amor del Padre y toma sobre sí todas las angustias de la humanidad, todas las preguntas y las intercesiones de la historia de la salvación. Él las presenta al Padre que las acoge y las hace realidad, más allá de toda esperanza, resucitándole de entre los muertos». Ciertamente «en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura vemos tan profundamente dentro el misterio interior de Jesús como en la oración en el Huerto de los Olivos» (Jesús de Nazaret II, 177).

Queridos hermanos y hermanas, cada día en la oración del Padrenuestro le pedimos al Señor: «que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo (Mt 6,10). Es decir, reconocemos que hay una voluntad de Dios con nosotros y para nosotros, una voluntad de Dios sobre nuestra vida, que debe ser cada día más la referencia de nuestro querer y de nuestro ser; también reconocemos que es en el “cielo” donde se cumple la voluntad de Dios y que la “tierra” se transforma en “cielo”, lugar de la presencia del amor, de la bondad, de la verdad, de la belleza divina, solo si en ella se hace la voluntad de Dios. En la oración de Jesús al Padre, en esa noche terrible y estupenda del Getsemaní, la “tierra” se convierte en “cielo”; la “tierra” de su voluntad humana, sacudida por el miedo y la angustia, ha sido asumida por su voluntad divina, de forma que la voluntad de Dios se cumpla sobre la tierra. Esto es importante también en nuestra oración: debemos aprender a entregarnos más a la Providencia divina, pedir a Dios la fuerza para salir de nosotros mismos para renovar nuestro “sí”, para repetir «que se haga tu voluntad», para conformar nuestra voluntad a la suya. Es una oración que debemos hacer cotidianamente, porque no siempre es fácil entregarnos a la voluntad de Dios, repetir el “sí” de Jesús, el “sí” de María. Las narraciones evangélicas del Getsemaní muestran dolorosamente que los tres discípulos, elegidos por Jesús para acompañarle, no fueron capaces de velar con Él, compartir su oración, su adhesión al Padre y fueron vencidos por el sueño. Queridos amigos, pidamos al Señor ser capaces de velar con Él en oración, de seguir la voluntad de Dios cada día incluso en el trance de la Cruz, de vivir siempre una intimidad cada vez más grande con el Señor, para traer a esta “tierra” un poco del “cielo” de Dios. Gracias.

CVV – ER / RV
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      <title>Vida consagrada: esplendor de la Iglesia


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      <link>http://www.radiovaticana.org/SPA/articolo.asp?c=559910</link>
      <description>(RV).-  La Presentación de Jesús en el templo constituye un icono elocuente de la entrega total de la propia vida para cuantos, hombres y mujeres, están llamados a reproducir en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, “ los rasgos característicos de Jesús virgen, pobre y obediente”. Por ello, el beato Juan Pablo II eligió la fiesta de hoy para celebrar la Jornada anual de la vida consagrada, enfatizaba Benedicto XVI en esta fiesta, el año pasado. Ante los desafíos de nuestro tiempo y con una exhortación especial a un testimonio cristiano luminoso y coherente, el Papa aseguró - un día como hoy hace un año-  su afecto a los numerosos consagrados y consagradas, que desarrollan su apostolado en todos los rincones de la tierra. (Audio)    00:01:20:88  
(Raul Cabrera)
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      <pubDate>Thu, 02 Feb 2012 16:23:33 GMT</pubDate>
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      <title>VIII encuentro de religiosos y personas consagradas de habla hispana
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      <description>(RV).- con audio -  00:07:40:66  Pasión por Cristo, pasión por la humanidad. En Roma, después de la celebración que preside Benedicto XVI, hoy, jueves, 2 de febrero - Presentación del Señor y Jornada Mundial de la Vida Consagrada – tendrá lugar, también este año un encuentro fraterno y de formación permanente para las personas consagradas de habla española que viven en la diócesis del Papa. 

Participará en este encuentro Mons. Joseph Tobin, Arzobispo Secretario de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. La cita es en el “Claretianum”,  mañana viernes, día 3 de febrero a las cinco de la tarde. 

Entrevistamos a su organizador, el padre claretiano español, Fernando Prado Ayuso, que es director de Publicaciones Claretianas en Madrid  y autor del Blog sobre la vida consagrada masdecerca.com. Nos cuenta cómo nació la idea y el tema elegido para este año, destacando la participación de numerosos religiosos y personas consagradas de América Latina y de España; la característica de este 2012, marcado por el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, el Sínodo, el Año de la Fe y la Nueva Evangelización. Responsabilidad, alegría, ilusión, testimonio y llamada.

CdM
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      <title>"En la Memoria del Padre y Maestro de la Juventud"</title>
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      <description>(RV).- (Audio)  00:06:00:65   En la Memoria Litúrgica de San Juan Bosco (1815-1888), Sacerdote, Fundador de los Salesianos, "Padre y maestro de la juventud", patrono de los editores, fundador de los salesianos. Por su gran devoción a María Auxiliadora, conseguía de ella innumerables milagros. Tuvo una niñez muy dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes. Sus grandes amores que fundamentan su espiritualidad: La Eucaristía, la Virgen María, la Iglesia, la fidelidad al Santo Padre, la juventud.
Producción de: Patricia L. Jáuregui Romero
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      <title>En la Memoria del Padre y Maestro de la Juventud</title>
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      <title>Las Previsiones de la semana del 31de enero al 6 de febrero</title>
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      <description>(RV).- (AUDIO) 00:05:00:00  Este 31 de enero celebramos la Memoria de San Juan Bosco, sacerdote, fundador de los Salesianos, padre y maestro de los jóvenes. El 1º de febrero, la Audiencia General del Su Santidad Benedicto XVI tendrá lugar en el Aula Pablo Vi del Vaticano, a las 10.30 de la mañana. Mientras a las 18.30 en la Basílica de San Juan de Letrán se celebra la Liturgia Eucarística en el marco del 44º aniversario de fundación de  la Comunidad de San Egidio, la ceremonia será presidida por el Card. William Joseph Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El Jueves 2 de febrero en la Fiesta de la Presentación del Señor y XVI Jornada de la Vida Consagrada Su Santidad Benedicto XVI preside a las 17.30 en la Basílica de San Pedro la celebración de las Vísperas con los Miembros de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica. El viernes 3 de febrero en el Palazzo Frascara de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, se celebra la Conferencia de Prensa para la presentación del Simposio para los obispos y superiores religiosos titulado “Hacia el alivio y la renovación” dedicado a los abusos sexuales por parte de la Iglesia. Intervienen entre otros el padre Federico Lombardi, SJ, Director de Radio Vaticano y de la Sala de Prensa de la Santa Sede y Mons. Charles Scicluna, Promotor de Justicia de la Congregación para la Doctrina de la fe. El sábado 4 de febrero, cuarta cita mundial de “Jóvenes por la Paz”, promovida por el Servicio Misionero Jóvenes (SERMIG, por sus siglas), que unidos bajo el lema “El mundo se puede cambiar con los jóvenes. ¡Hoy!”, se darán cita en 7 mil en el Aula Pablo VI del Vaticano para escuchar el mensaje del Papa.  El 5 de febrero, V Domingo del Tiempo Ordinario hacia el mediodía el Ángelus del Santo Padre en el marco de la 34ª Jornada Nacional para la vida promovida por la Conferencia Episcopal Italiana bajo el tema “Jóvenes abiertos a la vida”.
Producción de: Patricia L. Jáuregui Romero
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      <pubDate>Mon, 30 Jan 2012 16:07:04 GMT</pubDate>
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      <title>XVI Jornada Mundial de la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica</title>
      <link>http://www.radiovaticana.org/SPA/articolo.asp?c=558862</link>
      <description>(RV).-  (Audio)  00:05:00:00   La celebración anual de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, este  2 de febrero en la Fiesta de la Presentación del Señor y la XVI Jornada Mundial de la Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica,  nos invita antes que nada a expresar un vivo agradecimiento por el testimonio evangélico y el servicio a la Iglesia y al mundo ofrecido por todos los religiosos, religiosas, miembros de institutos de vida consagrada  que con sus acciones cotidianas, con su ministerio y con el carisma transformado en apostolado. Abrazando la Cruz de Cristo, hombres y mujeres en todo el mundo hacen que el Evangelio se difunda hasta los últimos confines de la tierra. El micrófono de Radio Vaticano recogió el testimonio de tres religiosas colombianas pertenecientes a la Congregación Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver, fundada en 1912 por la Madre Marcelina de San José. Ellas son las hermanas Luz Stella Álvarez Serna, Carmen Dolores Guerrero Castro y María Osorio Pérez, que compartieron el recogimiento de comunidad con el que celebran esta fecha, sus aspiraciones, y el por qué es importante dar continuidad a la vida consagrada. 
En este contexto recordamos que el jueves 2 de febrero,  en la Fiesta de Presentación del Señor y XVI Jornada de la Vida Consagrada y de los Institutos de vida Apostólica a las 17.30 en la Basílica Vaticana tendrá lugar la tradicional celebración de las Vísperas con los Miembros de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica. Radio Vaticano estará ofreciendo la crónica en nuestro idioma para las cadenas de Radio y Televisión que toman nuestra señal y a través de nuestra página web: www.radiovatican.org
Producción de: Patricia L. Jáuregui Romero 
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      <pubDate>Mon, 30 Jan 2012 15:48:58 GMT</pubDate>
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      <title>Alto Orinoco: Presencia Salesiana</title>
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      <description>(RV).-  (Audio)  00:05:59:02  55 años de presencia de la Familia Salesiana en el Alto Orinoco perteneciente al Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho, la Iglesia en Amazonas, el tema que nos permite introducirnos al apostolado que la fundación de San Juan Bosco realiza en Venezuela, a donde llegan bajo la conducción de Mons. Enrique de Ferrari en Octubre de 1933, cuando sucesivamente nace la Prefectura Apostólica de Puerto Ayacucho. Las Hijas de María Auxiliadora se unieron al trabajo misionero en 1940. Conocemos la gran obra que realizan a través de nuestro interlocutor el Padre Eduardo Marroquín, misionero salesiano que dedicó 7 años de su vida a trabajar entre el pueblo Yanomami.
Producción: Patricia L. Jáuregui Romero
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      <pubDate>Wed, 25 Jan 2012 14:09:48 GMT</pubDate>
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      <title>“Ama a tu prójimo como a ti mismo”, reflexiones de un Burro: Un libro</title>
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      <description>(RV).-  Episodio  14 (Audio)   00:05:00:00   El Tigre y el Camello personajes de nuestro autor, no pueden entender el significado del Reino de Dios. Nuestro amigo el Burro, se detiene a explicarles con mayor esmero: “Tenemos una innata vocación a la misericordia, a la piedad y a la compasión que va más allá de los posibles acondicionamientos sociales, esta vocación al amor gratuito se manifiesta en la alegría que nos da ayudar a los más necesitados sin esperar recompensa alguna. Reconocer esta vocación que está escrita en el corazón de todos, es algo que algún día nos permitirá ser verdaderamente felices… El cristianismo reconoce que todos los hombres son hechos a imagen y semejanza de Dios, por lo que amar gratuitamente al prójimo no es parte de su deber sino que es parte de su vocación y por lo tanto parte de su felicidad”. La respuesta cristiana a la primera pregunta que conduce a la felicidad : ¿Qué tenemos que hacer para vivir en armonía? está enunciada en el segundo mandamiento de la Ley de Dios: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y ese es el verdadero menaje del Evangelio con relación al tema del Reino de Dios.
*Pedro Pablo Correa Fontecilla: ¿Se puede ser feliz? (reflexiones de un burro). Ediciones La Huella, Chile, 2006
Adaptación radiofónica: Patricia L. Jáuregui Romero
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      <pubDate>Wed, 25 Jan 2012 13:50:35 GMT</pubDate>
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      <title>Unidad, don de Dios, Catequesis</title>
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      <description>(RV).- (Audio)  00:02:02:69   En el marco de la celebración, de la fiesta de la Conversión de San Pablo Apóstol; en la conclusión la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, esta mañana la a las 10.30 Benedicto XVI celebró la Audiencia General en el Aula Pablo VI del Vaticano y dedicó su catequesis a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión. El Santo Padre recordó en su catequesis que Jesús intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía y ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia a la vez que suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria. Antes de concluir la Audiencia General y tras saludar a los grupos presentes provenientes de Italia, el Papa dedicó un pensamiento afectuoso a los jóvenes, enfermos y recién casados, haciendo alusión a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos indicó que ésta nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nuestra pertenencia a Cristo y a la Iglesia. Y citamos: “Queridos jóvenes, confíen en las enseñanzas de la Iglesia, finalizadas a su crecimiento integral. Queridos enfermos, ofrezcan sus sufrimientos por la causa de la Unidad de la Iglesia de Cristo. Y ustedes queridos recién casados, eduquen a sus hijos según la lógica del amor gratuito, sobre el modelo del amor de Dios por la humanidad. (PLJR - RV) 

 

TEXTO CATEQUESIS Y SALUDOS DE BENEDICTO XVI AUDIENCIA GENERAL 250112

Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy está dedicada a la oración sacerdotal que el Señor pronuncia antes de su Pasión. En ella, y evocando la fiesta judía del Yom kippùr, Jesús se presenta como Sumo Sacerdote que pide por sí mismo, por los sacerdotes y por el pueblo y, a la vez, como la víctima que se ofrece al Padre en expiación. En primer lugar, pide para Él la glorificación, invocando al Padre para que acepte su sacrificio. Después, intercede por los discípulos, consagrándolos enteramente a Dios para enviarlos a la misión que les confía. Por último, Jesús ora por todos aquellos que creerán mediante este envío, que se prolonga en la historia. Suplica para ellos la unidad, entendida como don de Dios que sólo puede tener lugar en la comunión trinitaria. De ese modo, inaugura la Iglesia que se define como pueblo enviado, consagrado, llamado al conocimiento de Dios y nacido en la cruz. 


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular, a los grupos provenientes de España, México, Chile y otros países latinoamericanos. Invito a todos a orar como nos enseña Jesús, pidiendo a Dios que manifieste su voluntad en nuestras vidas, nos consagre y abra nuestro corazón al mundo y a la misión. Que el don de la unidad que esta Semana hemos suplicado con insistencia nos ayude a dar razón de nuestra esperanza ante los que nos rodean. Muchas gracias. 
(RV)




Texto completo de la catequesis  de Benedicto XVI:



Queridos hermanos y hermanas,

en la catequesis de hoy concentramos nuestra atención en la oración que Jesús  dirige al Padre a la «Hora» de su elevación y su glorificación (cf. Jn 17,1-26). Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: "La tradición cristiana con razón la define la "oración sacerdotal "de Jesús. Es aquella del Sumo Sacerdote, es inseparable de su Sacrificio, de su "paso" [pascua] hacia el Padre, donde Él está enteramente "consagrado" al Padre "(n. 2747). Así dice el Catecismo.

Esta oración de Jesús es comprensible en su extrema riqueza, sobre todo si la colocamos en el marco de la fiesta judía de la expiación, el  Yom Kippur. En ese día, el Sumo Sacerdote cumple, primero, la expiación por sí mismo; después por la clase sacerdotal, y finalmente para toda la comunidad del pueblo. El objetivo es restituir al pueblo de Israel, después de las transgresiones de todo un año, la conciencia de la reconciliación con Dios, para ser el pueblo elegido, "pueblo santo" en medio de los otros pueblos. La oración de Jesús, presentada en el capítulo 17 del Evangelio de San Juan, retoma la estructura de base de esta fiesta. Jesús, en aquella noche, se dirige al Padre en el momento en que se está ofreciendo él mismo. Él, sacerdote y víctima, ora por él mismo, por los apóstoles y por todos los que creerán en Él, por la Iglesia de todos los tiempos (cf. Jn 17:20).

En la oración que Jesús hace para sí mismo está pidiendo por su propia glorificación, por su "elevación" en su "Hora". En realidad es más que una petición y de la declaración de plena disposición a entrar, libre y generosamente, en el diseño de Dios Padre que se cumple en el ser entregado y en la muerte y resurrección. Esta "Hora", comenzada con la traición de Judas (cf. Jn 13:31), culminará con el ascenso de Jesús resucitado al Padre (Jn 20:17). La salida de Judas del Cenáculo viene comentada con estas palabras de Jesús: “«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él”.

No por nada, Él comienza la oración sacerdotal diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo, que el Hijo te glorifique a ti" (Jn 17,1). La glorificación que Jesús pide para sí mismo como Sumo Sacerdote, es la entrada en la plena obediencia al Padre, una obediencia que lo lleva a su máxima condición filial: "Y ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiese" (Jn 17,5). Esta disponibilidad y esta petición son el primer acto del nuevo sacerdocio que Jesús, que es un darse a sí mismo a la cruz. Y precisamente en la cruz, el supremo acto de amor es glorificado porque el amor es la verdadera gloria, la gloria divina. 


La segunda parte de esta oración es la intercesión que Jesús hace por los discípulos que estaban con Él. Ellos son aquellos de quienes Jesús puede decir al Padre: "He manifestado tu nombre a los hombres que me diste del mundo. Eran tuyos y me los diste, y han guardado tu palabra "(Jn 17,6). "Manifestar el nombre de Dios a los hombres" es la realización de una presencia nueva del Padre entre la gente, a la humanidad, este manifestarse no es sólo una palabra, es realidad en Jesús, Dios está con nosotros, así el nombre, su presencia entre nosotros es uno de nosotros. Así esta manifestación del nombre se realiza en la Encarnación del Verbo. En Jesús, Dios entra en la carne humana, se hace cercano de manera única y nueva. Y esta presencia culmina en el sacrificio que hace Jesús en su Pascua de muerte y resurrección.

En el corazón de esta oración de intercesión y expiación por los discípulos está la solicitud de consagración; Jesús dice al Padre: "Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad. Tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo por ellos me santifico a mí mismo, para que sean santificados en la verdad "(Jn 17:16-19). 
Pregunta: ¿Qué significa "consagrar" en este caso? En realidad, hay que decir que "consagrado”, o "Santo" sólo es Dios, en realidad. Consagrar, por tanto, quiere decir transferir una realidad  - persona o cosa- en la propiedad de Dios. Y en esto hay dos aspectos complementarios: por un lado, eliminar de las cosas comunes, segregar, apartar de la vida personal del hombre para ser entregados totalmente a Dios; y por otra parte, esta segregación, esta transferencia a la esfera de Dios tiene el significado de “invitación”, de misión: precisamente porque viene dada a Dios. La realidad es que la persona consagrada existe "para" los demás, para los otros. Dar a Dios significa no ser ya  para uno mismo, sino para todos.  Es un consagrado quien como Jesús, viene separado del mundo y apartado para Dios, en vista de una tarea y, como tal, está a disposición de todos. Para los discípulos, será continuar la misión de Jesús: ser entregados a Dios para estar así en misión para todos. En la tarde de Pascua, el Resucitado, apareciéndose a sus discípulos, les dice: "La paz esté con vosotros! Como el Padre me envió, también yo os envío»(Jn 20,21) 

El tercer acto de esta oración sacerdotal extiende su mirada hasta el final de los tiempos. En este Jesús se dirige al Padre para interceder en favor de todos aquellos que será atraídos a fe mediante la misión inugurada por los apóstoles y continuada en la historia: « No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. » (Jn 17,20). Jesús reza para que la Iglesia de todos los tiempos, reza también por nosotros. El Catecismo de la Iglesia católica comenta «Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración, al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos. La oración de la Hora de Jesús llena los últimos tiempos y los lleva hacia su consumación» (n. 2749).

La petición central de la oración sacerdotal de Jesús dedicada a sus discípulos de todos los tiempos es la de la futura unidad de cuantos creerán en Él. Tal unidad no es un producto mundano. Proviene exclusivamente de la unidad divina y llega a nosotros del Padre mediante el Hijo y en el Espíritu Santo. Jesús invoca un don que proviene del cielo, y que tiene su efecto –real y perceptible- en la tierra. Él reza «para que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste » (Jn 17,21).  Por una parte, la unidad de los cristianos es una realidad secreta en el corazón de los creyentes, pero al mismo tiempo esta debe aparecer con toda claridad en la historia, debe aparecer para que todos sean realmente una sola cosa. La unidad de los futuros discípulos, siendo unidad con Jesús que el Padre ha enviado al mundo es también la fuente original de la eficacia de la misión cristiana en el mundo.

«Podemos decir que en la oración sacerdotal de Jesús se cumple la  institución de la Iglesia... Precisamente aquí en el acto de la última cena, Jesús crea la Iglesia porque ¿qué es si no la Iglesia sino la comunidad de los discípulos que, mediante la fe en Jesucristo como enviado del Padre recibe su unidad y está implicada en la misión de Jesús de salvar al mundo condiciéndolo al conocimiento de Dios? Encontramos aquí una verdadera definición de la Iglesia. La Iglesia nace de la oración de Jesús. Esta oración no son sólo palabras: es el acto en el que él se “consagra” a sí mismo y “se sacrifica” por la vida del mundo» (Jesús de Nazaret, II, 117).

Jesús reza para que sus discípulos sen una sola cosa. En virtud de tal virtud, recibida y custodiada, la Iglesia puede caminar “en el mundo” sin ser “del mundo” (Jn 17,16) y vivir la misión que se le ha confiado para que el mundo crea en el Hijo y en el Padre que le ha enviado. La Iglesia se convierte entonces en un lugar en el que continúa la misión misma de Cristo: conducir al “mundo” fuera de la alienación de Dios y de sí mismo, fuera del pecado, para que vuelva a ser el mundo de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, hemos seleccionado algunos elementos de la gran oración sacerdotal de Jesús que os invito a leer y meditar, para que nos guíen en el diálogo con el Señor. Que nos enseñe a rezar para que también nosotros podamos rezar. También nosotros entonces, en nuestra oración pedimos a Dios que nos ayude a entrar, de forma más plena, en el proyecto que tiene para cada uno de nosotros; pidámosle ser “consagrados” a Él, pertenecerle cada vez más, para poder amar cada vez más a los demás, los que están cerca y los más lejanos; pidámosle que siempre seamos capaces de ampliar nuestra oración a las dimensiones del mundo, no reduciéndola a pedir ayuda por nuestros problemas, sino recordando ante el Señor a nuestro prójimo, aprendiendo la belleza de interceder por los demás; pidámosle el don de la unidad visible entre todos los creyentes en Cristo –que hemos pedido con fuerza en esta Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos- recemos para estar siempre preparados para responder a quien quiera que nos pregunte por la razón de la esperanza que tenemos (1P 3,15). Gracias

Traducción CV / ER - RV 
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