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Hoy, 12 de abril, la Iglesia conmemora el tránsito a Dios de SANTA TERESA DE JESS DE LOS ANDES Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar, nombre de familia quien descansara en el Señor en un día como hoy de 1920 en Santiago de Chile a los 19 años de edad. Nacida en el año 1900, en esta misma ciudad, fue novicia Carmelita Descalza. En 1993 Juan Pablo II la declaró Santa, siendo la primera Santa chilena. Sus restos se veneran en el Santuario de Auco-Rinconada de Los Andes. En el año 2004 su imagen fue colocada en una hornacina de la Basílica Vaticana.
Hoy también la iglesia conmemora el nacimiento para el cielo de SAN DAVID URIBE VELASCO, quien fuera fusilado por odio a la fe cristiana en un día como hoy de 1927 en un lugar cercano a San José Vidal, en el Estado de Morelos, México. Antes de recibir la descarga final bendijo y perdonó de corazón a los soldados: "Sólo les suplico - les dijo - que pidan a Dios por mi alma que yo no me olvidaré de Uds. delante de Él". En el Año Jubilar 2000, El Papa Juan Pablo II lo declaró santo.
Unidos, pues, a la familia carmelitana y a las Iglesias chilena y mexicana, brindemos nuestro jovial aplauso a Santa Teresa de Jesús de Los Andes y a San David Uribe Velasco.
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QUERIDA JUANITA, como te llamaban familiarmente, recordar tu vida es ver a la niña que ya a los seis años empezó a sentir que Jesús comenzaba a tomar tu corazón para Él. Entre el Colegio de las religiosas del Sagrado Corazón y tu hogar se tejió tu breve y ejemplar historia. Con una enorme capacidad de amar y ser amada, y una extraordinaria inteligencia, experimentas con realismo que tu naturaleza era totalmente contraria a las exigencias evangélicas: orgullosa, egoísta, terca. Pero tú no te conformas sino que decides hacer la lucha y a los 10 años de edad eras una persona nueva. El amor lo demuestras con obras más que con palabras, y esto en todos los actos de su vida. La inmediata motivación fue el Sacramento de la Eucaristía. Constatar que Dios venía a morar en ti, te impulsó a adquirir las virtudes que te harían menos indigna. Transformando así a poco tiempo tu carácter. En la celebración de este sacramento recibes gracias místicas y la revelación que determinó la orientación de tu vida: Jesucristo te quería carmelita y santa. Con la generosidad de joven enamorada respondes a su llamada. Cristo se convirtió en tu único amor e ideal de tu vida, y su vivencia se fue reflejándose en la alegría y serenidad de tu rostro. Tu vida monacal de carmelita fue el último peldaño de tu ascensión a la cumbre de la santidad. Sólo once meses bastaron para que tu vida se fusionase totalmente en el Señor.
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