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Hoy, 11 de enero, la Iglesia conmemora el tránsito a Dios de SANTO TOMAS DE CORI (Francisco A. Placidi, nombre de familia) quien falleciera en un día como hoy de 1729 en Bellegra, Italia. Oriundo de Cori en Latina, Italia, 1655, fue sacerdote de la Orden de los Frailes Menores, franciscano. En 1786 el Papa Pío VI lo declaró BEATO y en 1999 Juan Pablo II lo inscribió en el catálogo de los SANTOS. Sus restos se veneran en el retiro de Bellegra junto con la de sus dos discípulos, los beatos Diego Oddi y Mariano Roccasale.
Unidos, a la Iglesia de Cori, brindemos nuestro vivo aplauso a Santo Tomas De Cori.
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QUERIDO SANTO TOMAS DE CORI: recordar tu vida es ver al simple pastor del pueblo de Cori, al que la gente gustaba llamar con el cariñoso apelativo de "el pequeño santo". Tu inocencia transmitía algo de celestial. Seguías al ganadito de tu familia por los campos y laderas de tu pueblo y aprovechabas el tiempo para orar y hablar con Dios, quedando muchas veces absorto en la oración. El tiempo se te pasaba sin sentirlo, y sin que las ovejas se te desperdigasen. Pero pronto tienes la primera prueba en tu vida: quedas huérfano. Y vendes entonces todo el ganadito que tenías y el dinero lo entregas generosamente a tu hermana que estaba en edad de casarse para que lo utilice como dote en su matrimonio. Para ti, no guardas nada. "¿Para qué, decías, para qué quiero dinero, si no tengo ninguna necesidad?". Es así, cómo en esta vida sencilla, generosa, transparente, fue cultivándose la vocación religiosa. Cierto día decides por fin dar el paso a la vida consagrada. Te presentas al convento franciscano de Orvieto en Italia, siendo afectuosamente recibido por el superior quien ya conocía tu fama de devoto pastor. "Vengo para hacerme un fraile mendicante, le dices, llegando a cantar tu primera misa a los 28 años de edad. Muy poco después, juzgado maduro, prudente y muy espiritual por tus superiores, te nombran maestro de novicios. Fíjate, nada menos: de pastor a maestro. Así, te dedicaste a esta tarea, que no era la de llevar ahora tu ganado sino de llevar a los novicios, y formas una generación de misioneros que fueron por el mundo llevando la espiritualidad que tu mismo les impregnaste. Santo Tomás de Cori, nunca olvidaremos al pastorcito que supo convertirse en un buen pastor.
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