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Hoy 17 de enero, la Iglesia conmemora a SAN GENARO SNCHEZ DELGADILLO, quien sufriera el martirio en un día como hoy del año 1927, en Tecolotlán, Jalisco, México junto a otros 24 compañeros.
Hoy también la Iglesia conmemora el tránsito a Dios de SAN ANTONIO ABAD, quien falleciera en un día como hoy del año 356 en Tabenísi, sobre el río Nilo, en Egipto. Oriundo de la región de Keman, cerca de Eraclea, en el medio Egipto, hacia el año 250, fue monje eremita en el desierto e iniciador de la vida eremita comunitaria. Poco después de su muerte fue denominado "El grande". Su culto alcanzó gran importancia entre los Siglos XIV y XVIII, al ser trasladadas sus reliquias a occidente, las que se veneran en la Iglesia de San Julián de Arles, en Provenza, Francia.
En el año 2000 Juan Pablo II los declaró Santos.
Unidos pues, a las Iglesias de Egipto y México brindemos nuestro sincero aplauso a los Santos Antonio Abad y Genaro Sánchez Delgadillo.
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QUERIDO SAN GENARO: La huella de tu vida y de tu carácter a llegado hasta nuestros días. Fue especialmente el párroco de Tecolotlán que elogiaba tu docilidad y obediencia para cumplir con todas las prescripciones pastorales. Y fue gracias a esta actitud que la parroquia adquirió un rol fundamental en la vida de los feligreses. Ellos, que acudían a la parroquia venciendo no pocos miedos, apreciaban tu rectitud, firmeza, fervor y especialmente, la elocuencia de tu predicación y tu insistencia enérgica en la buena preparación para recibir los sacramentos. Pero tu bien sabías, que los días de servicio se iban reduciendo. En efecto, llegó el día en el que los soldados irrumpieron en tu parroquia, te tomaron prisionero junto con algunos de tus más fieles feligreses y los condujeron hacia el martirio. Pero en el trayecto fueron dejando libres uno a uno a los laicos, quedando solo tú. Te llevaron hasta una loma no lejana de la parroquia y allí prepararon la horca. Al ver tu que el final era inminente, colocándote en medio de los soldados les dices: "Bueno paisanos, me van a colgar; yo les perdono, que mi Padre Dios también los perdone y que siempre, viva Cristo Rey!". Eso fue todo. Poco después morías. Estas fueron las condecoraciones finales con las que te presentaste a Cristo Rey, al que durante tu vida serviste y vivaste.
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