|
La oración, dijo el Papa en la catequesis del miércoles comentando el Salmo 118, se revela como un diálogo que se abre cuando es de noche y el alba aún no ha llegado, continuando luego a lo largo del día sobre todo en las dificultades de la existencia. Las estrofas de este Salmo insisten en que la invocación al Señor no conoce descanso, puesto que es respuesta a la propuesta continua de la Palabra de Dios. El Salmo 118, una de cuyas estrofas, la diez y nueve, eligió el Santo Padre para la catequesis de este miércoles, es un Salmo extenso, denominado también Salmo "alfabético". Los ocho versos de cada estrofa comienzan por una de las 22 letras del alfabeto hebreo. Consta de 176 versículos y es un elogio de la ley divina. A través de un juego estilístico, el Salmista distribuye su obra en 22 estrofas. La estrofa elegida por el Pontífice corresponde a la letra qôph , indica al orante que presenta a Dios su intensa vida de fe y de oración. La invocación al Señor, afirma el Papa, no tiene pausa ni conoce el reposo, ya que es una respuesta continua a la propuesta permanente de la Palabra de Dios. Por un lado se multiplican los verbos propios de la oración: Te invoco, clamo a ti, te grito, escucha mi voz. Por otro lado se exalta la palabra del Señor que propone los decretos, las enseñanzas, la palabra, las promesas, el juicio, la ley los preceptos de Dios. El conjunto forma una especie de constelación, que es como la estrella polar de la fe y de la confianza del Salmista. La oración se revela como un diálogo, que se abre cuando es de noche y el alba no ha despuntado todavía, y luego continúa a lo largo de toda la jornada, especialmente en las dificultades de la existencia. En ocasiones, el horizonte se vuelve oscuro y amenazador: "Ya se acercan mis infames perseguidores, están lejos de tu voluntad". Dios tampoco abandona al justo en manos de sus perseguidores: "Tú, Señor, estás cerca ". San Ambrosio, en su Comentario al Salmo 118, dedica 44 párrafos a esta estrofa elegida por el Papa. Deteniéndose en los versículos 147-148: "Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche", San Ambrosio intuye, en esta declaración del Salmista, la idea de una oración constante que abarca todo tiempo. San Ambrosio
invita al cristiano a que vaya de mañana al templo a ofrecer
al Señor las primicias de su devoción. De esa manera
comenzará sus trabajos con la conciencia tranquila. Juan Pablo
II ha terminado su catequesis exhortando a los presentes a acoger
la llamada de San Ambrosio, abriendo cada mañana los ojos sobra
la vida cotidiana, sobre sus alegrías y sus pesadillas, pidiendo
a Dios que esté cercano a nosotros y nos guíe con su
palabra, y que nos infunda serenidad y gracia. RESUMEN DE LA CATEQUESIS EN ESPAÑOL Queridos hermanos y hermanas: Las
estrofas del Salmo que hemos escuchado insisten en que la invocación
al Señor no conoce descanso, puesto que es respuesta a la propuesta
continua de la Palabra de Dios. Por eso en la tradición cristiana
se habla a menudo de la oración constante, que abarca cada
momento de la jornada e ilumina las diversas situaciones que marcan
el ritmo de la existencia. De este modo, pedimos que Dios nos acompañe
en las alegrías y penas de la vida cotidiana, guiándonos
con su Palabra que infunde serenidad y gracia. ****** Terminados los saludos en las diversas lenguas, Juan Pablo II, como es habitual, dirigió unas afectuosas palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, recordando la fiesta del Bautismo del Señor que hemos celebrado el Domingo pasado. A los jóvenes les pidió que, en el recuerdo de su bautismo, den testimonio con alegría de su fe en Cristo. Que constituya para los enfermos consuelo y alivio en la prueba; y estimule a los recién casados a profundizar y a dar testimonio valientemente de la fe para transmitirla a sus hijos.
¡"NO
A LA MUERTE"! ¡"NO AL EGOÍSMO"! ¡"NO
A LA GUERRA"! "Sí" a la vida, al respeto del derecho, y al deber de la solidaridad. "No" a la muerte, al egoísmo y a la guerra. El Papa defendió estos principios en su tradicional discurso de comienzos de año al Cuerpo Diplomático. Juan Pablo II, que una vez más insistió en que palestinos e israelíes están destinados a vivir juntos, dijo sentirse impresionado por el sentimiento de miedo que atenaza el mundo a causa del terrorismo, las enfermedades y el hambre. El Santo Padre exhortó a actuar en favor de la justicia y la concordia en su discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede a los que recibió el lunes, en el marco de una "hermosa tradición", como él mismo afirmó. Ante el terrorismo, los conflictos y las conductas irresponsables que conducen al empobrecimiento del planeta y que amenazan a toda la humanidad, el Papa invitó a no dejarse llevar por el desaliento y, señalando "que todo puede cambiar", recomendó "algunos imperativos" indispensables para alcanzar la supervivencia de la misma humanidad. Una vez más, en este encuentro para el intercambio de felicitaciones de comienzos de año, el Pontífice reflexionó sobre la "situación actual del mundo y de la Iglesia". Tras desear "felicidad, paz y prosperidad a todos los pueblos", Juan Pablo II - "profundamente impactado por el sentimiento de miedo que atenaza a menudo el corazón de nuestros contemporáneos" - citó entre las "calamidades que amenazan la supervivencia de la humanidad, la serenidad de las personas y la seguridad de las sociedades" la persistencia del "terrorismo que puede atacar en cualquier momento o lugar"; "el problema aún sin resolver de Oriente Medio, Tierra Santa e Irak"; la incertidumbre que conmociona a América Latina, "particularmente a Argentina, Colombia y Venezuela". Así como los conflictos que impiden que numerosos países africanos puedan dedicar sus energías al desarrollo de sus pueblos; las enfermedades que propagan contagio y muerte; el grave problema del hambre, sobre todo en África, y las conductas irresponsables que contribuyen al empobrecimiento de los recursos del planeta. Subrayando que este panorama desolador puede cambiar y que el cambio depende de cada uno de nosotros, el Santo Padre recordó la importancia de que cada uno desarrolle su potencial de fe, rectitud y respeto al prójimo. En este contexto, Juan Pablo II señaló el papel que desempeñan "los responsables políticos, llamados a servir al bien común". Y ha enunciando concretamente "algunos imperativos" que le parecen necesarios si se quiere evitar que "pueblos enteros, y quizás incluso la humanidad misma, se hundan en el abismo". "Ante todo, un sí a la vida! Respetar la vida y las vidas, todo empieza por éste que es el más fundamental de los derechos humanos, el derecho a la vida. El aborto, la eutanasia o la clonación humana amenazan con reducir a la persona humana a un simple objeto. En cierto modo, ¡la vida y la muerte por encargo!" Reiterando que "¡la lucha por la paz es siempre una lucha por la vida!", el Papa advirtió que la investigación científica cuando carece de todo criterio moral es una negación del ser y de la dignidad de la persona y que "la guerra misma atenta contra la vida humana, pues conlleva sufrimiento y muerte". Seguidamente, el Santo Padre señaló la importancia del "respeto del derecho". Y, subrayando que la vida social, "en particular en el ámbito internacional - presupone principios comunes e inviolables cuyo objetivo es garantizar la seguridad y la libertad de los ciudadanos y de las naciones", el Papa reiteró que "estas normas son la base de la estabilidad nacional e internacional", recordando luego que el mundo sería totalmente diferente si se empezara por aplicar sinceramente los acuerdos firmados. Asimismo, el Pontífice destacó el "deber de solidaridad". "En un mundo en el que abunda la información pero en el que hay tanta dificultad de comunicación y en el que las condiciones de vida son escandalosamente desiguales, es importante no escatimar esfuerzos para que nadie excluido en la responsabilidad del crecimiento y bienestar de todos". El Santo Padre hizo hincapié en que "en ello se juega nuestro futuro" y en que hay decisiones necesarias que los pueblos de la tierra y sus autoridades tienen que asumir. Hay que tener la valentía de decir que no. ¡"NO A LA MUERTE"! A todo lo que atenta a la incomparable dignidad de cada ser humano, comenzando por la de los niños por nacer. No a lo que debilita la familia, célula fundamental de la sociedad. No a todo lo que destruye en el niño el sentido del esfuerzo, el respeto de sí mismo y del otro, el sentido del servicio. También ¡"NO AL EGOÍSMO"! Piénsese, por ejemplo, en el problema del agua, propuesto por la Organización de las Naciones Unidas como tema de reflexión para este año 2003. También es egoísmo, destacó el Papa, la indiferencia de las naciones pudientes respecto a las marginadas. Todos los pueblos tienen el derecho a recibir una parte justa de los bienes de este mundo y de la competencia de los países más expertos para elaborarlos. ¿Cómo no pensar, por ejemplo, en el acceso de todos a los medicamentos genéricos, para luchar contra las pandemias actuales? El tercer no que ha invitado a decir Juan Pablo II es "no a la guerra": ¡"NO A LA GUERRA"! Ésta es siempre una derrota para la humanidad. Como recuerda la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y el Derecho internacional, la guerra nunca es un medio como cualquier otro al que se puede recurrir para solventar disputas entre naciones. El Papa pensando en los tan numerosos conflictos que asolan a nuestros "a nuestros hermanos, los hombres", recordó la crisis en Oriente Medio, "donde dos pueblos, el israelí y el palestino, están llamados a vivir uno junto al otro, igualmente libres y soberanos y respetándose recíprocamente. Ante la agudización constante de esta crisis, Juan Pablo II reiteró que "su solución nunca podrá ser impuesta recurriendo al terrorismo o a los conflictos armados, pensando que la solución consiste en victorias militares". Y, ¿qué decir de la amenaza de una guerra que podría recaer sobre las poblaciones de Irak, tierra de los profetas, cuyas poblaciones están extenuadas por más de doce años de embargo? Una vez más Juan Pablo II exhortó a rechazar las guerras. Sin embargo, el Papa dijo que "es posible cambiar el curso de los acontecimientos si prevalece la buena voluntad, la confianza en el otro, la puesta en práctica de los compromisos adquiridos y la cooperación responsable". Y citó dos ejemplos concretos: "Europa y África. La Europa de hoy, unida y a la vez ampliada, que ha sabido derribar los muros que la desfiguraban y se ha embarcado en la construcción de una realidad capaz de conjugar unidad y diversidad, soberanía nacional y acción común, progreso económico y justicia social. Esta Europa nueva lleva consigo los valores que durante dos milenios han fecundado su modo de pensar y de vivir". "El cristianismo tiene un papel clave, en la medida en que ha dado lugar a un humanismo que ha impregnado su historia y sus instituciones. Teniendo en cuenta este patrimonio, la Santa Sede y el conjunto de las Iglesias cristianas han insistido ante los redactores del futuro Tratado constitucional de la Unión europea para que se haga una referencia a las Iglesias e instituciones religiosas. Una Europa que renegara de su pasado, que no tuviera dimensión espiritual alguna, quedaría desguarnecida ante al ambicioso proyecto que moviliza sus energías: ¡construir la Europa de todos!" Para el Pontífice, también la situación de algunos países africanos es esperanzadora. Angola, ha comenzado su reconstrucción; Burundi, ha emprendido el camino de la paz; la República Democrática de Congo se ha comprometido en un diálogo nacional que debería conducir a la democracia. "Hay felicitarse sin duda por estos progresos y animar a los responsables políticos a no escatimar esfuerzos para que, poco a poco, los pueblos de África lleguen a un principio de pacificación y prosperidad, al reparo de las luchas étnicas, la arbitrariedad y la corrupción. Por ello deploró los graves acontecimientos que aún estremecen Costa de Marfil y la República Centroafricana. Juan Pablo II subrayó que hoy se impone una constatación: "la independencia de los Estados no se puede concebir si no es en el marco de la interdependencia. Todos están unidos en el bien y el mal. Y precisamente por ello, conviene saber distinguir rigurosamente entre el bien y el mal". Para evitar caer en el caos se han de respetar dos exigencias, dijo el Papa: la primera es que, en el seno de los Estados, se redescubra el valor primordial de la ley natural, que antaño inspiró el derecho de gentes y a los primeros pensadores del derecho internacional. En segundo lugar, la acción perseverante de hombres de estado honrados y desinteresados. "En esto reside --explicó el Santo Padre-- lo que corrientemente se llama el "buen gobierno". El bienestar material y espiritual de la humanidad, la tutela de las libertades y los derechos de la persona humana, el servicio público desinteresado, la cercanía a las situaciones concretas, prevalecen sobre cualquier programa político y constituyen una exigencia ética, que es a la vez lo mejor para asegurar la paz interior de las naciones y la paz entre los Estados. Para los creyentes, a estas motivaciones el Papa añadió las que proporciona la fe en un Dios creador y padre de todos los hombres, a los que confía la gestión de la tierra y el deber del amor fraterno. Luego, se hizo portavoz de todos los cristianos que, desde Asia a Europa, son todavía víctimas de violencia e intolerancia y repitió que "el diálogo ecuménico entre cristianos y los contactos respetuoso con las otras religiones, en particular con el Islam, son el mejor antídoto contra las desviaciones sectarias, el fanatismo y el terrorismo religioso". Por lo que concierne a la Iglesia Católica, el Pontífice mencionó una situación, motivo de gran aflicción para el Papa: el trato dado a las comunidades católicas en la Federación Rusa que, desde hace meses, por razones administrativas, dijo, ven cómo algunos de sus pastores están imposibilitados para llegar hasta ellas. "La Santa Sede espera que las autoridades gubernativas tomen decisiones concretas que pongan fin a esta crisis y que obren en conformidad a los compromisos internacionales suscritos por la Rusia moderna y democrática".
"NO
PODEMOS SEGUIR IGNORÁNDONOS RECÍPROCAMENTE" "Ha llegado la hora del encuentro y de compartir los dones de cada uno, afianzados en el recíproco conocimiento objetivo y profundo". "No podemos seguir ignorándonos recíprocamente". Lo recordaba Juan Pablo II, el sábado, en la audiencia concedida a los miembros del Comité Católico para la Colaboración Cultural con las Iglesias Ortodoxas y las Antiguas Iglesias de Oriente. En su saludo, el Papa reiteró que a la luz del cambio producido en las relaciones con las Iglesias orientales, "no podemos seguir ignorándonos recíprocamente" y que se debe impulsar la ampliación de acciones para que este mismo Comité fortalezca su compromiso, también en el campo de la formación. Tras señalar que al comienzo del nuevo milenio, en este período de transición entre "lo que se ha cumplido y lo que aún estamos llamados a cumplir", para promover el camino ecuménico hasta llegar a alcanzar la comunión plena, el Santo Padre hizo hincapié en que "tenemos una tarea ineludible" y en que no se puede perder ninguna oportunidad para subrayar que "la promoción del compromiso ecuménico debe ser una preocupación constante". El Comité Católico para la Colaboración Cultural con las Iglesias Ortodoxas y las Antiguas Iglesias Orientales desarrolla una importante actividad de apoyo eclesial a estas Iglesias. Como destacó también Juan Pablo II, este organismo - nacido por voluntad del Papa Pablo VI y que él apoya firmemente - incluye a miembros de la Sección Oriental del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y se encarga de otorgar bolsas de estudio a candidatos ortodoxos presentados por sus autoridades eclesiales respectivas. También envía a seminarios y bibliotecas ortodoxas libros y material literario, sobre todo teológico y patrístico y promueve proyectos especiales en el ámbito de los mismos seminarios e institutos de formación. Importante obra que "testimonia comunión" y que se "inspira en el criterio de la reciprocidad". En efecto - subrayó el Papa - los candidatos ortodoxos que han obtenido la bolsa de estudio prosiguen sus cursos en varios ateneos de Roma o en otras ciudades de Occidente, hospedados por lo general en Colegios Pontificios o en otras estructuras católicas. Su presencia expresa una eficaz sinergia, que pone en marcha un elemento fundamental del compromiso ecuménico, es decir "el intercambio de dones entre las Iglesias en su complementariedad. Ello hace particularmente fecunda la comunión". ÁNGELUS: "LAS DIVISIONES NOS OPRIMEN, PERO NO ESTAMOS DERROTADOS"
EL SACERDOTE DEBE SER SANTO Y EDUCADOR DE SANTIDAD CON LA ENSEÑANZA Juan Pablo II, como es habitual por estas fechas, recibió el sábado en audiencia en el palacio apostólico del Vaticano a los miembros de la Comisión del Colegio Capránica acompañados por el cardenal Camillo Ruini, para las felicitaciones de año nuevo. El Papa, recordando a santa Inés, protectora de este ateneo romano, cuya fiesta se celebra el próximo martes 21 de enero, invitó a los alumnos a "imitar su heroica constancia en la fe 'usque ad effusionem sanguinis'. Esta joven virgen y mártir --dijo el Pontífice-- nos llama a perseverar en la fe de nuestra misión, si es necesario, hasta el sacrificio de nuestra vida". Se trata de una disposición interior --continuó diciendo el Papa-- que va alimentada cotidianamente con la oración y con un serio programa ascético. Llamado a ser para el Pueblo de Dios guía iluminada y ejemplo coherente de vida cristiana, el sacerdote no puede defraudar la confianza que el Señor y su Iglesia depositan en él. El sacerdote debe ser santo y educador de santidad con la enseñanza, pero aún más con su testimonio. Es este el 'martirio' al cual Dios lo llama, explicó Juan Pablo II. Un martirio que aunque no conozca el violento esparcimiento de sangre, exige siempre aquella "incruenta pero heroica constancia en la fe que distingue la existencia de los verdaderos discípulos de Cristo". El Papa deseó también de corazón a los alumnos del Colegio Capránica que, con la llegada del nuevo equipo docente y gracias a la contribución de todos, los sacerdotes puedan recorrer la ulterior etapa de su camino formativo, con entusiasmo y participación creciendo en la comunión fraterna, ofreciendo así el ejemplo de una familia espiritual unida y al servicio de Dios y los hermanos.
LA
SITUACIÓN MUNDIAL REQUIERE CON URGENCIA LA MISIÓN DE
AMOR, PAZ Y Ante la preocupación por la paz en el mundo, los peligros de enfrentamientos y conflictos entre distintas naciones y culturas, el Papa ha reiterado la urgencia de la misión de amor, paz, y reconciliación propia del cristianismo, en sus palabras a las autoridades civiles de Roma y del Lacio. Juan Pablo II recibió el jueves por la mañana al presidente de la Junta de la región italiana del Lacio, al Alcalde Roma y al presidente de la Provincia romana, así como a los administradores de la misma región en el tradicional encuentro para el intercambio de felicitaciones de comienzos de año. "En un momento de profunda preocupación por la paz en el mundo, que lleva el peso también de no pocos problemas nacionales y locales", el Papa reiteró a las autoridades civiles y representantes romanos y laciales el mismo mensaje "convencido y de meditada confianza" que dirigió al Parlamento italiano, en su histórica visita del pasado 14 de noviembre. El Santo Padre hizo hincapié en que "precisamente cuando aumentan los peligros de enfrentamientos y conflictos entre distintas naciones y culturas, emerge con mayor nitidez y urgencia aquella misión de amor y, por ende, de paz, de recíproca comprensión y reconciliación que es propia del cristianismo y que por lo tanto corresponde a la vocación histórica de Roma, centro de la catolicidad". En este contexto, Juan Pablo II destacó que la ciudadanía de honor de Roma, que se le concedió hace algo más de dos meses, es para él una "confirmación y mayor aliento para impulsar la dedicación en favor de la causa de la paz de esta noble ciudad" de la que es Obispo. Tras animar a las autoridades a colaborar según sus propias responsabilidades en esta "grande y benéfica empresa" -agradeciendo el compromiso que ya se ha puesto en marcha en favor de la paz- el Papa recordó, entre los problemas de nuestro tiempo, la importancia que merece la tutela la familia fundada en el matrimonio y la escasez de nacimientos con el consiguiente envejecimiento de la población. Asimismo, Juan Pablo II expresó su satisfacción por las iniciativas que se desarrollan en las políticas sociales, que ayudan también a los jóvenes y por la creación del "Observatorio regional permanente para la familia". Destacando luego el importante apoyo de las escuelas católicas, oratorios y otros organismos de educación promovidos por la comunidad cristiana, en el marco de la colaboración con las autoridades civiles, Juan Pablo II señaló que "la atención de los administradores públicos nunca puede prescindir del desarrollo de la economía y de las consiguientes posibilidades de empleo y trabajo". Y animó a impulsar las potencialidades de Roma y del Lacio, recordando también las oportunidades que ofrecen el patrimonio histórico y artístico de estas tierras, nacido en especial de la fe cristiana. El Papa puso de relieve que "el alto número de inmigrantes que, también en Roma y en el Lacio, han podido normalizar su situación laboral confirma que existe un dinamismo de nuestra sociedad que requiere mayor comprensión y valorización". Una vez más, Juan Pablo II hizo hincapié en la necesidad de que se impulse el rostro humanista de la sociedad amparando a los miembros más débiles, como son las personas y familias necesitadas, los ancianos, enfermos y minusválidos. El Santo Padre destacó los progresos realizados en estos sectores y en el de sanidad en esta región italiana y ha renovado la solidaridad y disponibilidad de las instituciones católicas en otorgar su aportación.
ALTO
SENTIDO RESPONSABILIDAD Y CONSTANTE DEDICACIÓN AL PROPIO DEBER "La fidelidad a las propias convicciones religiosas y morales y la coherente aplicación de los principios evangélicos constituyen la fuente de la verdadera paz". Eran palabras de Juan Pablo II a los agentes de seguridad del Vaticano a quienes recibió el viernes por la mañana, en su tradicional audiencia para las felicitaciones de año nuevo, a los funcionarios y agentes del Inspectorado de la Seguridad Pública que día y noche tutelan el orden público en el Vaticano y velan por la seguridad del Papa. El Santo Padre les agradeció en sus palabras de saludo esta tarea cotidiana que llevan a cabo con entrega y que permite que "las actividades espirituales y eclesiásticas en torno a la basílica de san Pedro --dijo el Pontífice-- puedan desarrollarse con serenidad y de manera ordenada". Juan Pablo II recordó también el servicio "no siempre fácil" que prestan los agentes de la seguridad vaticana cuando acompañan al Papa en sus visitas pastorales en las diócesis de Roma o en otras ciudades de Italia. Un servicio que desarrollan con "premura y solicitud" y que requiere - señaló el Santo Padre - un alto sentido de la responsabilidad y una constante dedicación al propio deber. El Papa agradeció de corazón esta entrega desinteresada por su persona y aprovechó la ocasión para renovar su estima y el reconocimiento que le merecen los vigilantes del Vaticano que de manera "discreta y eficiente cumplen con su deber sacrificando incluso a veces sus quehaceres familiares" en pro de la salvaguardia del Sumo Pontífice. "Que la cercanía a las tumbas de los apóstoles Pablo y Pedro --afirmó el Papa-- os sirva de estímulo constante para llevar siempre una vida ejemplar inspirada en la plena adhesión a Cristo". "La fidelidad a las propias convicciones religiosas y morales y la coherente aplicación a los principios evangélicos constituyen un manantial de verdadera paz y de íntimo gozo".
ÁNGELUS: "LAS DIVISIONES NOS OPRIMEN, PERO NO ESTAMOS DERROTADOS" "Las divisiones nos oprimen y son muchas las barreras que nos separan. Pero no estamos derrotados porque la gloria del Señor continúa guiándonos hacia la purificación y el perdón recíproco e infunde luz y fuerza a la oración que juntos elevamos a Dios para que cure la herida de nuestra división". Este fue el deseo expresado el domingo por Juan Pablo II durante la oración mariana del Ángelus, en la que el Papa pidió además al Señor que haga crecer plenamente la comunión entre los cristianos en la verdad y en la caridad. El sábado inició la "Semana de oración para la unidad de los Cristianos", que cada año tiene lugar del 18 al 25 de enero en el hemisferio austral y que en esta ocasión cuenta con la participación de un comité mixto internacional formado por representantes católicos y de la comisión "Fe y Constitución" del Consejo Ecuménico de las Iglesias. "La reconstrucción de la unidad de todos los bautizados es, de hecho, un don que proviene de Dios y nuestro esfuerzo para promoverla no es suficiente para llevarla a cabo. Sólo cuando los cristianos se encuentran y se descubren hermanos, colaboran para aliviar los sufrimientos y rezan por la unidad, contribuyen a que brille el rostro de Cristo y su gloria". El Santo Padre pidió a los fieles una invocación coral que se renovará solemnemente el 25 de enero en la clausura de la "Semana de oración para la unidad de los cristianos", cuando el Pontífice presida las Vísperas en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde se han desarrollado acontecimientos de gran importancia que han marcado el camino ecuménico. Tras el rezo mariano dominical Juan Pablo II saludó en italiano y español a los peregrinos que se encontraban en la Plaza de San Pedro. Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, de modo particular a los de las parroquias de Nuestra Señora del Rosario, de La Unión, y de San Bartolomé, de Murcia. ¡Qué en vuestra vida estéis siempre dispuestos a seguir al Maestro respondiendo generosamente a sus llamadas! Muchas gracias. Además Juan Pablo II saludó en italiano a los directivos, profesores, padres y alumnos de las Escuelas Católicas de Roma que hoy celebran la Jornada Diocesana de la Escuela Católica, que en esta ocasión tiene como tema "Familia, Escuela, Comunidad. Juntos para educar en un proyecto de vida". "Es una ocasión propicia para reflexionar sobre la original propuesta formativa inspirada en el Evangelio y en la visión integral de la persona que la Escuela Católica ofrece a los chicos para ayudarles a afrontar de forma positiva los grandes interrogantes de la existencia". Juan Pablo II expresó su deseo además de que cada familia tenga la posibilidad concreta de elegir para sus hijos este tipo de escuela y manifestó su aprecio por la calidad del servicio ofrecido y por el espíritu de sacrificio con el que se afrontan las dificultades actuales. "NO PODEMOS SEGUIR IGNORÁNDONOS RECÍPROCAMENTE"
TELEGRAMA DE PÉSAME POR EL ACCIDENTE AÉREO EN PERÚ Su Santidad Juan Pablo II, al conocer la noticia del accidente aéreo ocurrido en Perú, en el que fallecieron los 46 ocupantes de un avión en la región nororiental peruana, transmitió su sentido pésame a los familiares de las víctimas en un telegrama al Obispo de Chachapoyas.
VIAJE DEL PAPA A CROACIA EN JUNIO Juan Pablo II visitará Croacia del 5 al 8 del próximo mes de junio. Lo confirmaba en Zagreb, el jefe del protocolo con encargos especiales de la Secretaría de Estado, Mons. Renato Boccardo, al término de la primera reunión del comité que organiza los preparativos del viaje pastoral del Papa. Mons. Boccardo encabezaba la delegación vaticana que durante la pasada semana visitó las ciudades de Fiume, Djakovo, Osijek, Dubrovnik y Zara, que serán las etapas de la visita del Pontífice. Se tratará del tercer viaje de Juan Pablo II a esta república ex yugoslava, después de los que realizó en 1994 y en 1998. Una visita que, según el nuncio apostólico en Zagreb, Mons. Giulio Einaudi, "reforzará ulteriormente las buenas relaciones que existen entre el Vaticano y Croacia". Mons. Boccardo informó que el Santo Padre residirá durante su viaje a Croacia en el puerto adriático de Rijeka, desde donde se trasladará en helicóptero a las ciudades mencionadas. El Papa beatificará en Dubrovnik a Maria del Jesús Crucificado, religiosa proveniente de la isla croata de Korkula. Mons. Boccardo ha dicho que con esta visita "Juan Pablo II desea reafirmar las raíces espirituales y culturales comunes que unen a los pueblos de Europa Oriental, Occidental y Central.
POLÍTICOS
CATÓLICOS NO PUEDEN APOYAR LEYES QUE ATENTEN CONTRA LA VIDA Los católicos tienen el derecho y el deber de intervenir en política para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella. Los legisladores y cualquier católico no pueden participar en campañas de opinión en favor de leyes que atenten contra la vida humana y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto. Estas son algunas de las afirmaciones de la "Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política" hecha pública el jueves. La Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe se dirige de forma especial a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación en la vida pública y política en las sociedades democráticas. El mismo Juan Pablo II, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la "precisa obligación de oponerse" a toda ley que atente contra la vida humana. En el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia (que no hay que confundir con la renuncia al ensañamiento terapéutico, que es moralmente legítima) está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. La nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe insiste en "el deber de respetar y proteger los derechos del embrión humano, en la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser equiparadas jurídicamente otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal. La libertad de los padres en la educación de sus hijos es además un derecho inalienable. El documento añade en esta enumeración el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiaridad, según el cual deben ser reconocidos, respetados y promovidos "los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio". Apoyándose en las enseñanzas del Concilio Vaticano II la nota destaca que "los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la "política"; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común", que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc. El documento del dicasterio vaticano advierte de la aparición, en estos últimos tiempos, de orientaciones ambiguas y posiciones discutibles: "la sociedad civil se encuentra hoy dentro de un complejo proceso cultural que marca el fin de una época y la incertidumbre por la nueva que emerge en el horizonte". La mayor responsabilidad hacia Países en vías de desarrollo es una señal de gran relieve que muestra la creciente sensibilidad por el bien común. Junto a ello, se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural. La Congregación para la Doctrina de la Fe advierte que "en circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorias con los principios básicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen católicas. El documento recuerda a la opinión pública que el derecho a la libertad de conciencia, y en especial a la libertad religiosa, se basa en la dignidad ontológica de la persona humana, y de ningún modo en una inexistente igualdad entre las religiones y los sistemas culturales.
CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE NOTA
DOCTRINAL La Congregación para la Doctrina de la Fe, oído el parecer del Pontificio Consejo para los Laicos, ha estimado oportuno publicar la presente " Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política ". La Nota se dirige a los Obispos de la Iglesia Católica y, de especial modo, a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación en la vida pública y política en las sociedades democráticas.
Las actuales sociedades democráticas, en las que loablemente 4 todos son hechos partícipes de la gestión de la cosa pública en un clima de verdadera libertad, exigen nuevas y más amplias formas de participación en la vida pública por parte de los ciudadanos, cristianos y no cristianos. En efecto, todos pueden contribuir por medio del voto a la elección de los legisladores y gobernantes y, a través de varios modos, a la formación de las orientaciones políticas y las opciones legislativas que, según ellos, favorecen mayormente el bien común.5 La vida en un sistema político democrático no podría desarrollarse provechosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos, " si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades ".6 Mediante el cumplimiento de los deberes civiles comunes, " de acuerdo con su conciencia cristiana ",7 en conformidad con los valores que son congruentes con ella, los fieles laicos desarrollan también sus tareas propias de animar cristianamente el orden temporal, respetando su naturaleza y legítima autonomía,8 y cooperando con los demás, ciudadanos según la competencia específica y bajo la propia responsabilidad.9 Consecuencia de esta fundamental enseñanza del Concilio Vaticano II es que " los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la "política"; es decir, en la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ",10 que comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad, etc. La presente Nota no pretende reproponer la entera enseñanza de la Iglesia en esta materia, resumida por otra parte, en sus líneas esenciales, en el Catecismo de la Iglesia Católica, sino solamente recordar algunos principios propios de la conciencia cristiana, que inspiran el compromiso social y político de los católicos en las sociedades democráticas.11 Y ello porque, en estos últimos tiempos, a menudo por la urgencia de los acontecimientos, han aparecido orientaciones ambiguas y posiciones discutibles, que hacen oportuna la clarificación de aspectos y dimensiones importantes de la cuestión.
II. ALGUNOS PUNTOS CRÍTICOS EN EL ACTUAL DEBATE CULTURAL Y POLÍTICO 2. La sociedad civil se encuentra hoy dentro de un complejo proceso cultural que marca el fin de una época y la incertidumbre por la nueva que emerge al horizonte. Las grandes conquistas de las que somos espectadores nos impulsan a comprobar el camino positivo que la humanidad ha realizado en el progreso y la adquisición de condiciones de vida más humanas. La mayor responsabilidad hacia Países en vías de desarrollo es ciertamente una señal de gran relieve, que muestra la creciente sensibilidad por el bien común. Junto a ello, no es posible callar, por otra parte, sobre los graves peligros hacia los que algunas tendencias culturales tratan de orientar las legislaciones y, por consiguiente, los comportamientos de las futuras generaciones. Se puede verificar hoy un cierto relativismo cultural, que se hace evidente en la teorización y defensa del pluralismo ético, que determina la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral natural. Desafortunadamente, como consecuencia de esta tendencia, no es extraño hallar en declaraciones públicas afirmaciones según las cuales tal pluralismo ético es la condición que hace posible la democracia.12 Ocurre así que, por una parte, los ciudadanos reivindican la más completa autonomía para sus propias preferencias morales, mientras que, por otra parte, los legisladores creen que respetan esa libertad formulando leyes que prescinden de los principios de la ética natural, limitándose a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias,13 como si todas las posibles concepciones de la vida tuvieran igual valor. Al mismo tiempo, invocando engañosamente la tolerancia, se pide a una buena parte de los ciudadanos -incluidos los católicos- que renuncien a contribuir a la vida social y política de sus propios Países, según la concepción de la persona y del bien común que consideran humanamente verdadera y justa, a través de los medios lícitos que el orden jurídico democrático pone a disposición de todos los miembros de la comunidad política. La historia del siglo XX es prueba suficiente de que la razón está de la parte de aquellos ciudadanos que consideran falsa la tesis relativista, según la cual no existe una norma moral arraigada en la naturaleza misma del ser humano, a cuyo juicio se tiene que someter toda concepción del hombre, del bien común y del Estado. 3. Esta concepción relativista del pluralismo no tiene nada que ver con la legítima libertad de los ciudadanos católicos de elegir, entre las opiniones políticas compatibles con la fe y la ley moral natural, aquella que, según el propio criterio, se conforma mejor a las exigencias del bien común. La libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor, sino sobre el hecho de que las actividades políticas apuntan caso por caso hacia la realización extremadamente concreta del verdadero bien humano y social en un contexto histórico, geográfico, económico, tecnológico y cultural bien determinado. La pluralidad de las orientaciones y soluciones, que deben ser en todo caso moralmente aceptables, surge precisamente de la concreción de los hechos particulares y de la diversidad de las circunstancias. No es tarea de la Iglesia formular soluciones concretas -y menos todavía soluciones únicas- para cuestiones temporales, que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Sin embargo, la Iglesia tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral.14 Si el cristiano debe " reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales ",15 también está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son " negociables ". En el plano de la militancia política concreta, es importante hacer notar que el carácter contingente de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad técnica de buena parte de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar -particularmente por la representación parlamentaria- su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su País.16 Esta obvia constatación no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la elección de los principios morales y los valores sustanciales a los cuales se hace referencia. La legítima pluralidad de opciones temporales mantiene íntegra la matriz de la que proviene el compromiso de los católicos en la política, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana. Sobre esta enseñanza los laicos católicos están obligados a confrontarse siempre para tener la certeza de que la propia participación en la vida política esté caracterizada por una coherente responsabilidad hacia las realidades temporales. La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona.17 Se trata de un principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas, pues de lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe cristiana en el mundo y la unidad y coherencia interior de los mismos fieles. La estructura democrática sobre la cual un Estado moderno pretende construirse sería sumamente frágil si no pusiera como fundamento propio la centralidad de la persona. El respeto de la persona es, por lo demás, lo que hace posible la participación democrática. Como enseña el Concilio Vaticano II, la tutela " de los derechos de la persona es condición necesaria para que los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa pública ".18 4. A partir de aquí se extiende la compleja red de problemáticas actuales, que no pueden compararse con las temáticas tratadas en siglos pasados. La conquista científica, en efecto, ha permitido alcanzar objetivos que sacuden la conciencia e imponen la necesidad de encontrar soluciones capaces de respetar, de manera coherente y sólida, los principios éticos. Se asiste, en cambio, a tentativos legislativos que, sin preocuparse de las consecuencias que se derivan para la existencia y el futuro de los pueblos en la formación de la cultura y los comportamientos sociales, se proponen destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los católicos, en esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella. Juan Pablo II, en línea con la enseñanza constante de la Iglesia, ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la " precisa obligación de oponerse " a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto.19 Esto no impide, como enseña Juan Pablo II en la Encíclica Evangelium vitae a propósito del caso en que no fuera posible evitar o abrogar completamente una ley abortista en vigor o que está por ser sometida a votación, que " un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, pueda lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública ".20 En tal contexto, hay que añadir que la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral. Ya que las verdades de fe constituyen una unidad inseparable, no es lógico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en detrimento de la totalidad de la doctrina católica. El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda del bien común en su totalidad. Ni tampoco el católico puede delegar en otros el compromiso cristiano que proviene del evangelio de Jesucristo, para que la verdad sobre el hombre y el mundo pueda ser anunciada y realizada. Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Este es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia (que no hay que confundir con la renuncia al ensañamiento terapéutico, que es moralmente legítima), que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepción hasta su término natural. Del mismo modo, hay que insistir en el deber de respetar y proteger los derechos del embrión humano. Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal. Así también, la libertad de los padres en la educación de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido además en las Declaraciones internacionales de los derechos humanos. Del mismo modo, se debe pensar en la tutela social de los menores y en la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud (piénsese, por ejemplo, en la droga y la explotación de la prostitución). No puede quedar fuera de este elenco el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiariedad, según el cual deben ser reconocidos, respetados y promovidos " los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio ".21 Finalmente, cómo no contemplar entre los citados ejemplos el gran tema de la paz. Una visión irenista e ideológica tiende a veces a secularizar el valor de la paz mientras, en otros casos, se cede a un juicio ético sumario, olvidando la complejidad de las razones en cuestión. La paz es siempre " obra de la justicia y efecto de la caridad "; 22 exige el rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo, y requiere un compromiso constante y vigilante por parte de los que tienen la responsabilidad política. III. PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA CATÓLICA ACERCA DEL LAICISMO Y EL PLURALISMO 5. Ante estas problemáticas, si bien es lícito pensar en la utilización de una pluralidad de metodologías que reflejen sensibilidades y culturas diferentes, ningún fiel puede, sin embargo, apelar al principio del pluralismo y autonomía de los laicos en política, para favorecer soluciones que comprometan o menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales para el bien común de la sociedad. No se trata en sí de " valores confesionales ", pues tales exigencias éticas están radicadas en el ser humano y pertenecen a la ley moral natural. Éstas no exigen de suyo en quien las defiende una profesión de fe cristiana, si bien la doctrina de la Iglesia las confirma y tutela siempre y en todas partes, como servicio desinteresado a la verdad sobre el hombre y el bien común de la sociedad civil. Por lo demás, no se puede negar que la política debe hacer también referencia a principios dotados de valor absoluto, precisamente porque están al servicio de la dignidad de la persona y del verdadero progreso humano. 6. La frecuente referencia a la " laicidad ", que debería guiar el compromiso de los católicos, requiere una clarificación no solamente terminológica. La promoción en conciencia del bien común de la sociedad política no tiene nada qué ver con la " confesionalidad " o la intolerancia religiosa. Para la doctrina moral católica, la laicidad, entendida como autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica -nunca de la esfera moral-, es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado.23 Juan Pablo II ha puesto varias veces en guardia contra los peligros derivados de cualquier tipo de confusión entre la esfera religiosa y la esfera política. " Son particularmente delicadas las situaciones en las que una norma específicamente religiosa se convierte o tiende a convertirse en ley del Estado, sin que se tenga en debida cuenta la distinción entre las competencias de la religión y las de la sociedad política. Identificar la ley religiosa con la civil puede, de hecho, sofocar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables ".24 Todos los fieles son bien conscientes de que los actos específicamente religiosos (profesión de fe, cumplimiento de actos de culto y sacramentos, doctrinas teológicas, comunicación recíproca entre las autoridades religiosas y los fieles, etc.) quedan fuera de la competencia del Estado, el cual no debe entrometerse ni para exigirlos o para impedirlos, salvo por razones de orden público. El reconocimiento de los derechos civiles y políticos, y la administración de servicios públicos no pueden ser condicionados por convicciones o prestaciones de naturaleza religiosa por parte de los ciudadanos. Una cuestión completamente diferente es el derecho-deber que tienen los ciudadanos católicos, como todos los demás, de buscar sinceramente la verdad y promover y defender, con medios lícitos, las verdades morales sobre la vida social, la justicia, la libertad, el respeto a la vida y todos los demás derechos de la persona. El hecho de que algunas de estas verdades también sean enseñadas por la Iglesia, no disminuye la legitimidad civil y la " laicidad " del compromiso de quienes se identifican con ellas, independientemente del papel que la búsqueda racional y la confirmación procedente de la fe hayan desarrollado en la adquisición de tales convicciones. En efecto, la " laicidad " indica en primer lugar la actitud de quien respeta las verdades que emanan del conocimiento natural sobre el hombre que vive en sociedad, aunque tales verdades sean enseñadas al mismo tiempo por una religión específica, pues la verdad es una. Sería un error confundir la justa autonomía que los católicos deben asumir en política, con la reivindicación de un principio que prescinda de la enseñanza moral y social de la Iglesia. Con su intervención en este ámbito, el Magisterio de la Iglesia no quiere ejercer un poder político ni eliminar la libertad de opinión de los católicos sobre cuestiones contingentes. Busca, en cambio -en cumplimiento de su deber- instruir e iluminar la conciencia de los fieles, sobre todo de los que están comprometidos en la vida política, para que su acción esté siempre al servicio de la promoción integral de la persona y del bien común. La enseñanza social de la Iglesia no es una intromisión en el gobierno de los diferentes Países. Plantea ciertamente, en la conciencia única y unitaria de los fieles laicos, un deber moral de coherencia. " En su existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida "espiritual", con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida "secular", esto es, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura. El sarmiento, arraigado en la vid que es Cristo, da fruto en cada sector de la acción y de la existencia. En efecto, todos los campos de la vida laical entran en el designio de Dios, que los quiere como el "lugar histórico" de la manifestación y realización de la caridad de Jesucristo para gloria del Padre y servicio a los hermanos. Toda actividad, situación, esfuerzo concreto -como por ejemplo la competencia profesional y la solidaridad en el trabajo, el amor y la entrega a la familia y a la educación de los hijos, el servicio social y político, la propuesta de la verdad en el ámbito de la cultura- constituye una ocasión providencial para un "continuo ejercicio de la fe, de la esperanza y de la caridad" ".25 Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o en una forma de confesionalidad, sino expresión de la aportación de los cristianos para que, a través de la política, se instaure un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana. En las sociedades democráticas todas las propuestas son discutidas y examinadas libremente. Aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos políticamente, negándoles la legitimidad de actuar en política de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien común, incurrirían en una forma de laicismo intolerante. En esta perspectiva, en efecto, se quiere negar no sólo la relevancia política y cultural de la fe cristiana, sino hasta la misma posibilidad de una ética natural. Si así fuera, se abriría el camino a una anarquía moral, que no podría identificarse nunca con forma alguna de legítimo pluralismo. El abuso del más fuerte sobre el débil sería la consecuencia obvia de esta actitud. La marginalización del Cristianismo, por otra parte, no favorecería ciertamente el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondría más bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización.26 IV. CONSIDERACIONES SOBRE ASPECTOS PARTICULARES 7. En circunstancias recientes ha ocurrido que, incluso en el seno de algunas asociaciones u organizaciones de inspiración católica, han surgido orientaciones de apoyo a fuerzas y movimientos políticos que han expresado posiciones contrarias a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. Tales opciones y posiciones, siendo contradictorios con los principios básicos de la conciencia cristiana, son incompatibles con la pertenencia a asociaciones u organizaciones que se definen católicas. Análogamente, hay que hacer notar que en ciertos países algunas revistas y periódicos católicos, en ocasión de toma de decisiones políticas, han orientado a los lectores de manera ambigua e incoherente, induciendo a error acerca del sentido de la autonomía de los católicos en política y sin tener en consideración los principios a los que se ha hecho referencia. La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo " camino, verdad y vida " (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura que, inspirada en el Evangelio, reproponga el patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica. La necesidad de presentar en términos culturales modernos el fruto de la herencia espiritual, intelectual y moral del catolicismo se presenta hoy con urgencia impostergable, para evitar además, entre otras cosas, una diáspora cultural de los católicos. Por otra parte, el espesor cultural alcanzado y la madura experiencia de compromiso político que los católicos han sabido desarrollar en distintos países, especialmente en los decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no deben provocar complejo alguno de inferioridad frente a otras propuestas que la historia reciente ha demostrado débiles o radicalmente fallidas. Es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles. La fe nunca ha pretendido encerrar los contenidos socio-políticos en un esquema rígido, consciente de que la dimensión histórica en la que el hombre vive impone verificar la presencia de situaciones imperfectas y a menudo rápidamente mutables. Bajo este aspecto deben ser rechazadas las posiciones políticas y los comportamientos que se inspiran en una visión utópica, la cual, cambiando la tradición de la fe bíblica en una especie de profetismo sin Dios, instrumentaliza el mensaje religioso, dirigiendo la conciencia hacia una esperanza solamente terrena, que anula o redimensiona la tensión cristiana hacia la vida eterna. Al mismo tiempo, la Iglesia enseña que la auténtica libertad no existe sin la verdad. " Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente ", ha escrito Juan Pablo II.27 En una sociedad donde no se llama la atención sobre la verdad ni se la trata de alcanzar, se debilita toda forma de ejercicio auténtico de la libertad, abriendo el camino al libertinaje y al individualismo, perjudiciales para la tutela del bien de la persona y de la entera sociedad. 8. En tal sentido, es bueno recordar una verdad que hoy la opinión pública corriente no siempre percibe o formula con exactitud: El derecho a la libertad de conciencia, y en especial a la libertad religiosa, proclamada por la Declaración Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II, se basa en la dignidad ontológica de la persona humana, y de ningún modo en una inexistente igualdad entre las religiones y los sistemas culturales.28 En esta línea, el Papa Pablo VI ha afirmado que " el Concilio de ningún modo funda este derecho a la libertad religiosa sobre el supuesto hecho de que todas las religiones y todas las doctrinas, incluso erróneas, tendrían un valor más o menos igual; lo funda en cambio sobre la dignidad de la persona humana, la cual exige no ser sometida a contradicciones externas, que tienden a oprimir la conciencia en la búsqueda de la verdadera religión y en la adhesión a ella ".29 La afirmación de la libertad de conciencia y de la libertad religiosa, por lo tanto, no contradice en nada la condena del indiferentismo y del relativismo religioso por parte de la doctrina católica,30 sino que le es plenamente coherente. V. CONCLUSIÓN 9. Las orientaciones contenidas en la presente Nota quieren iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: La coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el Concilio Vaticano II. Éste exhorta a los fieles a " cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno ". Alégrense los fieles cristianos " de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerarquía todo coopera a la gloria de Dios ".31 El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia del 21 de noviembre de 2002, ha aprobado la presente Nota, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación, y ha ordenado que sea publicada. Dado
en Roma, en la sede de la Congregación por la Doctrina de la
Fe, el 24 de noviembre de 2002, Solemnidad de N. S. Jesús Cristo,
Rey del universo. Í
N D I C E 1Carta
a Diogneto. 5, 5. Cfr. también Catecismo de la Iglesia Católica,
n.2240.
ENTREVISTA
A MONSEÑOR TARCISIO BERTONE Con una exhortación a la "coherencia en las vidas de los católicos", la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el jueves una "Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política". La Nota se dirige a los Obispos de la Iglesia Católica y, en especial, precisamente "a los políticos católicos y a todos los fieles laicos llamados a la participación en la vida pública y política en las sociedades democráticas". Entrevistado por Radio Vaticano, Mons. Tarcisio Bertone, que hasta hace poco era Secretario de la citada Congregación, y que Juan Pablo II ha nombrado recientemente Arzobispo de Génova, nos explica por qué se ha estimado oportuno publicar este documento: R: El problema es la gran dispersión de los políticos católicos en una fragmentación de ámbitos de compromiso político: hay una gran dispersión en todos los partidos políticos. El problema nace de la división en la conducta de muchos políticos entre vida privada y pública. Diría que éste es un punto fundamental. Otro punto esencial, que caracteriza la actualidad es el relativismo enlazado con el pluralismo. Habiendo un gran pluralismo de opciones, pertenencia y opiniones en la sociedad, no se puede proponer una verdad absoluta, universal, sobre todo en algunos sectores que atañen a la vida pública y en especial a la legislación que debe guiar la vida de la realidad social de una nación, por lo que predomina el relativismo. Éste enturbia el anuncio de la verdad y la fidelidad a la verdad, la cual es aplastada por la libertad. Una libertad que se vuelve absoluta, no sólo para todos los ciudadanos de una nación, sino también para todos los agentes políticos, aquellos que deberían pensar en dar a la sociedad algunos principios que la guíen y una legislación que fije un cauce, encaminando a la misma sociedad hacia el bien común. También se le preguntó a Mons. Bertone si esta Nota se podía considerar como un "vademécum" para los católicos comprometidos en la política: R: Sin duda. Para los de cualquier partido, con absoluto respeto en la libertad de opción política y temporal. Pero la exigencia que se subraya en esta Nota doctrinal es la de una coherencia con el núcleo fundamental de criterios éticos que valen no sólo para los católicos, sino para todos, creyentes y no creyentes. Se trata de una concepción de la sociedad más humana, con principios éticos imprescindibles: ética y economía, ética y cultura, ética y legislación. Si queremos educar a un pueblo que sea portador de una perspectiva de futuro para la humanidad, que no vaya a la autodestrucción, debemos construir una sociedad con un proyecto ético verdaderamente a favor del bien común.
JORNADA DE PROFUNDIZACIÓN DE LAS RELACIONES JUDÍO CRISTIANAS El Vicariato de Roma, a través de la Comisión Diocesana para el Ecumenismo y el Diálogo, organizó un encuentro para celebrar la jornada de profundización de las relaciones judío cristianas. El encuentro tuvo lugar la tarde del 16 de enero, en el Aula magna de la Universidad Lateranense, y estuvo presidido por Mons. Rino Fisichella, presidente de la citada Comisión. Este encuentro se viene celebrando normalmente el 17 de enero, pero se eligió el 16, jueves, a causa de que a partir de la puesta del sol del 17, viernes, comenzaba para los judíos la observancia del Sábado y no habrían podido asistir al encuentro. El título de esta decimocuarta edición -"Dios hablaba con Moisés y el pueblo fue testigo de ello"- se inspira en el libro del Éxodo, 20,18, y continúa con el tema de la Alianza. El Rabino Jefe, Prof. Ricardo Di Segni y Mons. Ambrosio Spreafico, Rector de la Pontificia Universidad Urbaniana, profundizaron en el significado bíblico y teológico desde la perspectiva judía y católica respectivamente. Intervinieron también exponentes católicos y judíos como la Prof. Paola Ricci Sindoni y el Rabino Alberto Piattelli.
VISITA DEL PRESIDENTE DE COR UNUM A VIETNAM "Con el objetivo de testimoniar el afecto del Santo Padre Juan Pablo II para con el pueblo vietnamita", el presidente del Consejo Pontificio "Cor Unum", Mons. Paul Josef Cordes, viajó el lunes a Vietnam. El comunicado de prensa del mismo Consejo que da la noticia subraya también que esta visita - que finalizará el 20 de este mes de enero - se propone además "impulsar el conocimiento mutuo y reflexionar junto con la Iglesia en este país sobre las formas de caridad más urgentes, así como afrontar las necesidades materiales y espirituales de todos los que viven en situaciones de dificultad". El presidente del "Dicasterio de la Caridad del Santo Padre", que ha sido invitado por el Arzobispo de Ho Chi Minh, se propone impulsar asimismo la lucha contra la pobreza y marginación. El mismo Comunicado de Prensa recuerda que "Cor Unum" mantiene contactos con la Iglesia vietnamita desde la década de los años 70, haciendo llegar constantemente ayuda concreta a esas comunidades afectadas por graves sufrimientos. A lo largo de estos días, está previsto que Mons. Cordes se traslade a algunas diócesis del sur de Vietnam para poder conocer de cerca precisamente la situación de pobreza de las mismas, más grave aún a raíz de las inundaciones que han asolado la región. El presidente de "Cor Unum" realiza esta gira también para sensibilizar aún más y coordinar las tareas de las Agencias Internacionales con el fin de ofrecer ayuda urgente a las poblaciones de las zonas más afectadas por las recientes calamidades naturales. Luego, Mons. Cordes se trasladará al norte de Vietnam y en la capital Ha Noi, se entrevistará con el Cardenal Pham Dinh Tung, que durante varios años fue miembro del mismo Consejo Pontificio, distinguiéndose por su activa labor.
DIÓCESIS
DE LINARES (CHILE) DIÓCESIS
DE CAROLINA (BRASIL) HEPARQUÍA
DE IDUKKI DE LOS SIRO MALABARES (INDIA) HEPARQUÍA
DE MUVATTUPUZHA DE LOS SIRO MALANKARES (INDIA) CONGREGACIÓN
PARA LA DOCTRINA DE LA FE
COMENTARIO A LA LITURGIA DEL DOMINGO DOMINGO
II DEL TIEMPO ORDINARIO (B): 19 de enero de 2003 Jesús, después de ser bautizado, comienza su ministerio. Sí, ya no esta sólo, va acompañado de un grupo de discípulos que comparten su experiencia y son testigos directos de sus obras y palabras. Los evangelistas no sólo se han preocupado de transmitirnos noticias sobre los discípulos del Señor, sino que nos muestran cómo en el tiempo de la Iglesia podemos convertirnos en discípulos de Jesús, a través de qué caminos se puede continuar aquel discipulado cristiano que ha comenzado en el curso de la misión histórica de Jesús y ha sido reanudado después de su Pascua. A toda esta problemática responde el pasaje evangélico de este Domingo, el cual, a pesar de su brevedad, traza un itinerario vocacional válido para todo el tiempo de la Iglesia, y que se resume en estos términos: la vocación cristiana nace de la confesión de fe de un testigo; la vocación madura a través de la experiencia personal del discípulo con Jesús; la fe madura es capaz de expresarse mediante un testimonio vocacionalmente fecundo. En el Cuarto Evangelio, Juan Bautista encarna la figura típica del testigo del Señor. El suyo es un auténtico testimonio de fe, que sabe presentar a sus discípulos, invitándoles a fijar su mirada en Jesús. Lo hace de un modo tan convincente que, según nos relata el Evangelista, sus discípulos, oyéndole hablar así, siguieron a Jesús. El seguimiento de Jesús viene provocado por el testimonio de un hombre que se pone como mediador entre los Discípulos y Jesús. Es la fuerza del testimonio del Bautista la que provoca un cambio radical en la vida de dos personas que, de sus discípulos, se convierten en discípulos de Jesús. La vocación de Samuel, de la que nos habla la primera lectura de hoy, posee un origen diverso, ya que es Dios mismo el que le llama con insistencia. No obstante, también en este caso, una mediación humana será determinante. Sí, el sacerdote Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y así le abrió el camino al coloquio personal con Dios. Le dice: Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha". Así, Samuel vivirá una experiencia religiosa indescifrable sin la ayuda de Elí. Pero, ¿qué se busca cuando se sigue al Señor? Las primeras palabras que Él pronuncia hoy en el Evangelio: "¿Qué buscáis?", son muy clarificadoras. Muchas pueden ser las esperanzas puestas en el seguimiento; algunas legítimas, otras, quizás menos; incluso, algunas pueden ser ingenuas ilusiones que se transforman rápidamente en amargas desilusiones. Debemos clarificarnos, el mismo Jesús nos lo exige. Y es que, el discípulo de Jesús debe hacer de su camino de fe una constante búsqueda que le lleve a evitar mimetizar modelos estereotipados de discipulado cristiano, pasivamente recibidos sin un |