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BOLETÍN
INFORMATIVO SEMANAL 1.- ACTIVIDAD DEL SANTO PADRE SANTA MISA Y PROCESIÓN EUCARÍSTICA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI. JUEVES 15 DE JUNIO DE 2006 AUDIENCIAS DEL VIERNES 16 DE JUNIO DE 2006 AUDIENCIAS Y OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2006 AUDIENCIA A LOS MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN SANTOS PEDRO Y PABLO. SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2006 MEDITACIÓN MARIANA DEL SANTO PADRE A LA HORA DEL ANGELUS. DOMINGO 18 DE JUNIO DE 2006 AUDIENCIAS Y OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL LUNES 19 DE JUNIO DE 2006 ACTOS PONTIFICIOS DEL MARTES 20 DE JUNIO DE 2006 AUDIENCIA GENERAL DEL SANTO PADRE. MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE 2006 OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE 2006 2.- ACTIVIDAD DE LA SANTA SEDE INTERVENCIÓN DEL SECRETARIO PARA LAS RELACIONES CON LOS ESTADOS EN LA PRIMERA SESIÓN DEL CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS DE LAS NACIONES UNIDAS 3.- BREVES DEL VATICANO BENEDICTO XVI Y EL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU HABLARON DE LA GLOBALIZACIÓN FRASE DE LA SEMANA: "Llevando la Eucaristía por las calles y las plazas, queremos sumergir el Pan bajado del cielo en la cotidianidad de nuestra vida; queremos que Jesús camine donde caminamos nosotros, que viva donde vivimos nosotros". Benedicto XVI, en su alocución previa al rezo del Angelus, el domingo 18 de junio, solemnidad del Corpus Christi. *** 1.- ACTIVIDAD DEL SANTO PADRE SANTA MISA Y PROCESIÓN EUCARÍSTICA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI. JUEVES 15 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 15 DE JUNIO DE 2006 (RV). En la tarde de hoy, Solemnidad del Corpus Christi, el Santo Padre Benedicto XVI celebró la Santa Misa en la Plaza de la Basílica de San Juan de Letrán. Al término de la Santa Misa, el Papa presidió la Procesión Eucarística que recorrió la Vía Merulana hasta llegar a la Basílica de Santa María la Mayor. A continuación, publicamos el texto de la homilía que pronunció el Papa durante la Celebración Eucarística: Queridos hermanos y hermanas: En la vigilia de su Pasión, durante la Cena pascual, el Señor tomó el pan en sus manos –como hemos escuchado hace pocos instantes en el Evangelio- y, tras pronunciar la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomad, este es mi cuerpo”. Luego tomó el cáliz, dio gracias, se los dio y todos bebieron. Y dijo: “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, que es derramada por muchos” (Mc 14, 22-24). Toda la historia de Dios con los hombres está resumida en estas palabras. No sólo se recoge e interpreta el pasado, sino que se anticipa el futuro – la venida del Reino de Dios al mundo. Lo que Jesús dice no son solamente palabras. Lo que Él dice es un acontecimiento, el acontecimiento central de la historia del mundo y de nuestra vida personal. Estas palabras son inagotables. Quisiera meditar con vosotros en este momento sólo un único aspecto. Como signo de su presencia, Jesús escogió el pan y el vino. Con cada uno de los dos signos se dona enteramente, no sólo una parte de sí. El Resucitado no está dividido. Él es una persona que, mediante los signos, se acerca a nosotros y se une a nosotros. Sin embargo, a su modo, los signos representan, cada uno, un aspecto particular del misterio de Él y, con su manifestación típica, nos quieren hablar, para que nosotros aprendamos a comprender un poco más el misterio de Jesucristo. Durante la procesión y en la adoración, nosotros contemplamos la Hostia consagrada – el tipo más simple de pan y de alimento, hecho sólo con un poco de harina y de agua. Así, éste aparece como el alimento de los pobres, a los cuales, en primer lugar, el Señor ha destinado su cercanía. La oración con la que, durante la liturgia de la Misa, la Iglesia le ofrece este pan al Señor, lo califica como fruto de la tierra y del trabajo del hombre. En ella se encierra la fatiga humana, el trabajo cotidiano de quien cultiva la tierra, siembre y recoge, y finalmente prepara el pan. Sin embargo, el pan no es simplemente y solamente un producto nuestro, una cosa hecha por nosotros; es el fruto de la tierra y, por lo tanto, es también un don. Porque el hecho de que la tierra dé frutos no es un mérito nuestro; sólo el Creador podía darle la fertilidad. Y ahora podemos incluso alargar un poco más esta oración de la Iglesia, diciendo: el pan es fruto de la tierra y, al mismo tiempo, del cielo. Presupone la sinergia de las fuerzas de la tierra y de los dones de lo alto, es decir, del sol y de la lluvia. Y tampoco el agua, de la cual necesitamos para preparar el pan, la podemos producir nosotros. En una época, en la que se habla de la desertificación y escuchamos cada vez de nuevo denunciar el peligro de que hombres y bestias mueran de sed en las regiones sin agua – en una época así, nuevamente nos damos cuenta de la grandeza del don del agua y cuán incapaces somos de procurárnosla nosotros mismos. Entonces, contemplando más de cerca este pequeño pedazo de Hostia blanca, este pan de los pobres, nos parece como una síntesis de la creación. Tanto el Cielo y la tierra, como la actividad y el espíritu del hombre, contribuyen. La sinergia de fuerzas que hace posible en nuestro pobre planeta el misterio de la vida y la existencia del hombre, viene a nuestro encuentro en toda su maravillosa grandeza. Así comenzamos a comprender porqué el Señor elige este pedazo de pan como su signo. La creación con todos sus dones aspira más allá de sí misma a algo aún más grande. Más allá de la síntesis de sus propias fuerzas, incluso más allá de la síntesis de naturaleza y espíritu que de alguna manera advertimos en el pedazo de pan, la creación tiende hacia la divinización, hacia las bodas santas, hacia la unificación con el Creador mismo. Pero aún no hemos explicado a fondo el mensaje de este signo del pan. El Señor hizo referencia a su misterio más profundo el Domingo de Ramos, cuando le presentaron la petición de algunos Griegos que querían encontrarse con Él. En su respuesta a esta pregunta, se encuentra la frase: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). En el pan hecho de granos de trigo molidos, se esconde el misterio de la Pasión. La harina, el grano molido, presupone el morir y el resucitar del grano. Al ser molido y cocido, manifiesta una vez más el mismo misterio de la Pasión. Sólo a través de la muerte llega la resurrección, llega el fruto y la nueva vida. En los siglos antes de Cristo, las culturas del Mediterráneo intuyeron profundamente este misterio. Sobre la base de la experiencia de este morir y resucitar concibieron mitos de divinidad que, muriendo y resucitando, daban nueva vida. El ciclo de la naturaleza les parecía como una promesa divina en medio de las tinieblas del sufrimiento y de la muerte que se nos imponen. En estos mitos, el alma de los hombres, de algún modo, tendía hacia aquel Dios que se hizo hombre, se humilló hasta la muerte en la cruz y nos abrió así la puerta de la vida. En el pan y en su devenir, los hombres han descubierto una especie de expectativa de la naturaleza, una especie de promesa de la naturaleza de que esto habría debido existir: el Dios que muere y de este modo nos conduce a la vida. Lo que en los mitos era expectativa y que en el mismo grano de trigo está escondido como signo de la esperanza de la creación – esto sucedió realmente con Cristo. A través de su sufrimiento y de su muerte libre, Él se convirtió en pan para todos nosotros, y con ello esperanza viva y creíble: Él nos acompaña en todos nuestros sufrimientos hasta la muerte. Los caminos que Él recorre con nosotros y a través de los cuales nos conduce a la vida, son caminos de esperanza. Cuando contemplamos en adoración la Hostia consagrada, el signo de la creación nos habla. Entonces, encontramos la grandeza de su don; pero también encontramos la Pasión, la Cruz de Jesús y su resurrección. Mediante esta contemplación en adoración, Él nos atrae a sí, dentro de su misterio, por medio del cual quiere transformarnos como transformó la Hostia. La Iglesia primitiva encontró en el pan aún otro simbolismo. La Doctrina de los doce Apóstoles, un libro escrito en torno al año 100, incluye en sus oraciones la afirmación: “Así como este pan partido estaba esparcido en las colinas y al ser recogido se convirtió en una sola cosa, que así también tu Iglesia desde los confines de la tierra sea reunida en tu Reino” (IX, 4). El pan hecho de muchos granos de trigo encierra también un acontecimiento de unión: la conversión en pan de los granos molidos es un proceso de unificación. Nosotros mismos, de los muchos que somos, debemos convertirnos en un solo pan, un solo cuerpo, nos dice san Pablo (1 Cor 10,17). Así el signo del pan se convierte en esperanza y tarea, al mismo tiempo. De una manera muy similar nos habla también el signo del vino. Pero, mientras el pan remite a la cotidianidad, a la simplicidad y al peregrinaje, el vino expresa la exquisitez de la creación: la fiesta de alegría que Dios nos quiere ofrecer al final de los tiempos y que ya ahora nos anticipa siempre de nuevo a manera de alusión mediante este signo. Pero también el vino habla de la Pasión: la vid debe ser podada repetidamente para ser purificada; la uva debe madurar bajo el sol y la lluvia y debe ser pisada: sólo a través de esta pasión madura un vino apreciado. En la fiesta del Corpus Christi, contemplamos sobre todo el signo del pan. Éste nos recuerda también la peregrinación de Israel durante cuarenta años en el desierto. La Hostia es nuestro maná, con el cual el Señor nos nutre – es verdaderamente el pan del cielo, mediante el cual Él se entrega a sí mismo. En la procesión, nosotros seguimos este signo y así lo seguimos a Él mismo. Y le rogamos: ¡Guíanos por los caminos de esta historia nuestra! ¡Muéstrale siempre de nuevo a la Iglesia y a sus Pastores el camino justo! ¡Mira la humanidad que sufre, que vaga insegura entre tantos interrogantes; mira el hambre física y psíquica que la atormenta! ¡Da a los hombres pan para el cuerpo y para el alma! ¡Dales trabajo! ¡Dales luz! ¡Dales a ti mismo! ¡Purifícanos y santifícanos a todos nosotros! ¡Haznos comprender que sólo mediante la participación en tu Pasión, mediante el “sí” a la cruz, a la renuncia, a las purificaciones que tú nos impones, nuestra vida puede madurar y alcanzar su verdadero cumplimiento. Reúnenos desde todos los confines de la tierra. ¡Une a tu Iglesia, une a la humanidad lacerada! ¡Danos tu salvación! ¡Amén! AUDIENCIAS DEL VIERNES 16 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 16 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre recibió hoy en Audiencia a: Óscar Arias Sánchez, Presidente de la República de Costa Rica, acompañado por su séquito. Cardenal Julián Herranz, Presidente del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos. Monseñor Robert Sarah, Arzobispo emérito de Conakry, Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Padre Álvaro Corcuera Martínez del Río, Superior General de los Legionarios de Cristo. Cardenal William Joseph Levada, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. AUDIENCIAS Y OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 17 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre recibió hoy en Audiencia a: Jan Eliasson, Presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), acompañado por su séquito. Cardenal Alfonso López Trujillo, Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Miembros de la Asociación Santos Pedro y Pablo. Cardenal Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación para los Obispos. El Santo Padre aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Lurín (Perú), presentada por Monseñor José Ramón Gurruchaga Ezama, S.D.B., en conformidad al canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico, y nombró como nuevo Obispo de Lurín a Monseñor Carlos García Camader, hasta ahora Auxiliar de Lima. AUDIENCIA A LOS MIEMBROS DE LA ASOCIACIÓN SANTOS PEDRO Y PABLO. SÁBADO 17 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 17 DE JUNIO DE 2006 (RV). Esta mañana, en el Aula de las Bendiciones del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Benedicto XVI recibió en Audiencia a los Miembros de la Asociación Santos Pedro y Pablo y les dirigió el discurso que publicamos a continuación: Queridos amigos: Al aproximarse la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, es para mí un placer encontrarme con vosotros, junto a vuestras familias. Vuestra visita de hoy me permite renovaros mi gratitud por el servicio que desde hace muchos años le prestáis al Sucesor de Pedro. Os saludo a todos con afecto, agradeciéndole a vuestro Presidente, quien gentilmente se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos comunes. Vuestra Asociación Santos Pedro y Pablo, que en 1970 recogió la herencia de la Guardia Palatina, desarrolla con dedicación un servicio de voluntariado a la Santa Sede. Las tres secciones que forman su articulación operativa –me refiero a la sección litúrgica, la caritativa y la cultural- reflejan tres aspectos complementarios de la vida y la acción de las comunidades eclesiales. En primer lugar, para vosotros es importante cuidar la liturgia, la cual, como enseña el Concilio Vaticano II, “al edificar día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor… hasta llegar a la medida de la plenitud de la edad de Cristo, robustece también admirablemente sus fuerzas para predicar a Cristo” (Const. Sacrosanctum Concilium, 2). Que una intensa vida de oración y la asidua participación en la liturgia continúe siendo vuestro primer compromiso como individuos y como asociación. Queridos amigos, sólo si nos dejamos formar constantemente por la escucha de la Palabra de Dios y nos nutrimos con asiduidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, podemos transmitir a los demás el amor de Dios, que es don del Espíritu Santo. En la Encíclica Deus caritas est, he querido recordar que el amor al prójimo arraigado en el amor divino es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto a todos los niveles (cf. n. 20). Vosotros buscáis ser testigos de este amor hacia los pobres, en el comedor de la Casa “Don de María” y en el dispensario pediátrico de Santa Marta, así como también en las iniciativas sociales promovidas en vuestras parroquias. Que la caridad anime cada actividad vuestra. Que sea regla de vuestra existencia la exhortación que el apóstol Pablo le dirigió a los Colosenses: “y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección” (3,14). No es menos importante la atención que le queréis dar a una adecuada formación cultural para poder madurar en la fe. Evangelizar hoy requiere un conocimiento responsable de las instancias culturales modernas y una profundización constante de la sana doctrina católica. Entonces, hacéis bien, queridos amigos, al no descuidar este aspecto y yo os aliento a proseguir por el camino que con fruto ya estáis recorriendo. Vosotros habéis nacido para estar al servicio del Sucesor de Pedro y yo os agradezco por la generosidad con la que cumplís esta tarea vuestra. Que el Señor la haga cada vez más fecunda y, con la fuerza de su Espíritu, os haga auténticos discípulos suyos. Que la Virgen María, Virgo fidelis, cuya imagen veneráis en vuestra Capilla, os proteja y os acompañe siempre. Yo os aseguro mi oración y con afecto os imparto a todos vosotros la Bendición Apostólica, que con gusto extiendo a vuestras familias y a vuestros seres queridos. MEDITACIÓN MARIANA DEL SANTO PADRE A LA HORA DEL ANGELUS. DOMINGO 18 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 18 DE JUNIO DE 2006 (RV). Al mediodía de hoy, el Santo Padre Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para rezar el Angelus con los fieles y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro. Estas fueron las palabras que pronunció el Papa en su alocución previa al rezo de la oración mariana: Queridos hermanos y hermanas: Hoy, en Italia y en otros países, se celebra la solemnidad del Corpus Christi, que en Roma ya tuvo su momento fuerte en la procesión ciudadana del pasado jueves. Es la fiesta solemne y pública de la Eucaristía, sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo: el misterio instituido en la última Cena y que se conmemora cada año el Jueves Santo, en este día le es manifestado a todos, rodeado del fervor de fe y de devoción de la Comunidad eclesial. En efecto, la Eucaristía constituye el “tesoro” de la Iglesia, la preciosa herencia que su Señor le dejó. Y la Iglesia la custodia con el máximo cuidado, celebrándola diariamente en la Santa Misa, adorándola en las iglesias y en las capillas, distribuyéndola a los enfermos y, como viático, a los que parten para el último viaje. Pero este tesoro, que está destinado a los bautizados, no agota su radio de acción en el ámbito de la Iglesia: la Eucaristía es el Señor Jesús que se entrega “por la vida del mundo” (Jn 6,51). En todo tiempo y lugar, Él quiere encontrar al hombre y llevarle la vida de Dios. Pero no sólo eso. La Eucaristía tiene también un valor cósmico: en efecto, la transformación del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo constituye el principio de divinización de la misma creación. Por eso, la fiesta del Corpus Christi se caracteriza particularmente por la tradición de llevar el Santísimo Sacramento en procesión, un gesto rico de significado. Llevando la Eucaristía por las calles y las plazas, queremos sumergir el Pan bajado del cielo en la cotidianidad de nuestra vida; queremos que Jesús camine donde caminamos nosotros, que viva donde vivimos nosotros. Nuestro mundo, nuestras existencias deben convertirse en su templo. En este día de fiesta, la Comunidad cristiana proclama que la Eucaristía es todo para ella, es su misma vida, la fuente del amor que vence la muerte. De la comunión con Cristo Eucaristía surge la caridad que transforma nuestra existencia y sostiene el camino de todos nosotros hacia la patria celestial. Por eso, en la liturgia cantamos: “Buen Pastor, verdadero pan, / (…) Tú que todo lo sabes y lo puedes, que nos nutres en la tierra, / conduce a tus hermanos / a la mesa del cielo / en la gloria de tus santos”. María es la “mujer eucarística”, como la definió el Papa Juan Pablo II en su Encíclica Ecclesia de Eucharistia. Roguémosle a la Virgen para que todos los cristianos profundicen la fe en el misterio eucarístico, para vivir en constante comunión con Jesús y ser sus válidos testigos. Después de rezar el Angelus, el Papa pronunció las siguientes palabras: El próximo martes 20 de junio, se celebra la Jornada Mundial del Refugiado, promovida por las Naciones Unidas. Busca llamar la atención de la comunidad internacional sobre las condiciones de muchas personas obligadas a huir de su propia tierra, a causa de graves formas de violencia. Estos hermanos y hermanas nuestros buscan refugio en otros países animados por la esperanza de regresar a la patria, o, al menos, de encontrar hospitalidad donde se han refugiado. Mientras aseguro un recuerdo por ellos en la oración y la constante solicitud de la Santa Sede, deseo que los derechos de estas personas siempre sean respetados y aliento a las Comunidades eclesiales a responder a sus necesidades. A continuación, como es habitual, el Santo Padre saludó en sus respectivos idiomas a los fieles presentes. Este fue su saludo a los peregrinos de lengua española: Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, especialmente a los fieles de las parroquias: Inmaculada Concepción, de El Pardo; Nuestra Señora de las Nieves, de Madrid; así como a los estudiantes del Colegio San Antonio de Padua, de Carcagente. Os invito a contemplar y adorar con amor a Cristo, que se nos entrega totalmente en la Eucaristía, para colmarnos de su vida y su gracia. ¡Feliz Fiesta del Corpus Christi! AUDIENCIAS Y OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL LUNES 19 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 19 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre recibió hoy en Audiencia a: Prelados de las Conferencias Episcopales de Letonia y Lituania, en Visita “ad Limina Apostolorum”: Cardenal Gilberto Agustoni, Prefecto emérito del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica. El Santo Padre aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Canberra (Australia), presentada por Monseñor Francis P. Carroll, en conformidad al canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico, y nombró como nuevo Arzobispo de Canberra a Monseñor Mark Benedict Coleridge, hasta ahora Obispo Auxiliar de la arquidiócesis de Melbourne. ACTOS PONTIFICIOS DEL MARTES 20 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 20 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Szeged-Csanád (Hungría), presentada por Monseñor Endre Gyulay, en conformidad al canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico, y nombró como nuevo Obispo de Szeged-Csanád a Monseñor László Kiss-Rigó, hasta ahora Auxiliar de Esztergom-Budapest. El Papa aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Szombathely (Hungría), presentada por Monseñor István Konkoly, en conformidad al canon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico, y nombró como nuevo Obispo de Szombathely (Hungría) a Monseñor András Veres, hasta ahora Auxiliar de Eger. AUDIENCIA GENERAL DEL SANTO PADRE. MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 21 DE JUNIO DE 2006 (RV). Esta mañana, en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre Benedicto XVI celebró la tradicional Audiencia General de los miércoles ante varios miles de fieles y peregrinos de todas partes del mundo. En su discurso en lengua italiana, el Papa centró su meditación en el tema “Santiago, el Mayor”. Este fue el resumen de la catequesis que el Santo Padre leyó en español: “Queridos hermanos y hermanas: Santiago el Mayor, hermano de Juan, es uno de los tres discípulos que participan de cerca en momentos importantes de la vida de Jesús. La experiencia del sufrimiento de Cristo en el huerto de los Olivos, en contraste con la gloria manifestada en el Tabor, le ayudaría a madurar su fe, corrigiendo la posible imagen errónea de Jesús como un Mesías temporal. Después de Pentecostés, una tradición nos habla de su evangelización en España, así como del traslado de su cuerpo a la ciudad de Santiago de Compostela, que desde entonces es meta de numerosos peregrinos de todo el mundo. Del Apóstol Santiago podemos aprender la prontitud en responder a la llamada del Señor; el entusiasmo en seguirlo por los caminos que Él nos indica; la disponibilidad para dar testimonio de Él con valentía. Así, Santiago se presenta como ejemplo elocuente de generosa adhesión a Cristo, siendo el primero de los apóstoles en sufrir el martirio. Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial a la Federación Española de Belenistas, a las asociaciones y grupos escolares españoles, a los peregrinos de México, de Argentina y de otros Países latinoamericanos. Os animo a responder siempre con prontitud a la llamada de Cristo, como el Apóstol Santiago, dando un testimonio coherente de fe y de amor en la familia y en la sociedad. ¡Gracias por vuestra atención!”. Como es habitual, después de haber resumido su catequesis y haber saludado en diferentes idiomas, Benedicto XVI se dirigió a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, con las siguientes palabras: “Ahora, saludo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el ejemplo y la intercesión de San Luis Gonzaga, de quien hoy celebramos la memoria, os estimule a vosotros, queridos jóvenes, a valorizar la virtud de la pureza evangélica; que os ayude a vosotros, queridos enfermos, a afrontar el sufrimiento encontrando conforto en Cristo crucificado; os conduzca a vosotros, queridos recién casados, a un amor cada vez más profundo a Dios y entre vosotros”. La Audiencia General concluyó con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica impartida por el Papa junto a los Obispos presentes. OTROS ACTOS PONTIFICIOS DEL MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE 2006 CIUDAD DEL VATICANO, 21 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre nombró Miembros Ordinarios de la Pontificia Academia de las Ciencias a Theodor Wolfgang Hänsch, Profesor de Física de la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich y Director del Max-Planck-Institut-für Quantenoptik de Garching (República Federal de Alemania), y a Edward Witten, Profesor de Física del Institute for Advanced Study de Princeton, New Jersey (Estados Unidos). 2.- ACTIVIDAD DE LA SANTA SEDE INTERVENCIÓN DEL SECRETARIO PARA LAS RELACIONES CON LOS ESTADOS EN LA PRIMERA SESIÓN DEL CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS DE LAS NACIONES UNIDAS CIUDAD DEL VATICANO, 21 DE JUNIO DE 2006 (RV). Monseñor Giovanni Lajolo, Secretario para las Relaciones con los Estados, intervino ayer por la tarde en Ginebra durante la primera sesión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, donde señaló que este nuevo Consejo “constituye una etapa importante de la batalla para poner al ser humano en el centro de toda actividad política, nacional e internacional”. Tras poner de relieve que la situación de los derechos humanos en el mundo “es preocupante”, el Secretario para las Relaciones con los Estados afirmó que en muchos países “son gravemente violados” y que hay gobiernos que siguen pensando que “el poder determina, en último término, el contenido de los derechos humanos y, en consecuencia, se creen autorizados para recurrir a prácticas aberrantes”. “Todos los Estados miembros del Consejo deberían asumir individual y colectivamente la responsabilidad de la defensa y promoción de estos derechos”, indicó Monseñor Lajolo, quien, al referirse al derecho humano más fundamental, el derecho a la vida, señaló que “jamás un gobierno, un grupo o un individuo se pueden arrogar el derecho a decidir sobre la vida de un ser humano como si no fuera una persona, rebajándolo a la condición de objeto para servir a otros fines, aun cuando sean grandes y nobles”. “El segundo corolario concierne a los derechos a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa, porque el ser humano tiene una dimensión interior y trascendente, que es parte integrante de su mismo ser. Negar esta dimensión es atentar gravemente contra la dignidad humana”, señaló Monseñor Lajolo, quien subrayó que “la libertad religiosa se debe insertar armoniosamente en el contexto de todas las libertades humanas. No puede transformarse en arbitraria, sino que debe desarrollarse armoniosamente, en particular, respetando la libertad religiosa de los demás, en el marco de las leyes válidas para todos”. “La respuesta que el Consejo de Derechos Humanos aporte a los desafíos de la libertad en numerosos países del mundo, comenzando por los miembros del Consejo, pone en juego la credibilidad de las Naciones Unidas y de todo el sistema jurídico internacional”, concluyó el Secretario para las Relaciones con los Estados. 3.- BREVES DEL VATICANO BENEDICTO XVI Y EL PRESIDENTE DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU HABLARON DE LA GLOBALIZACIÓN CIUDAD DEL VATICANO, 17 DE JUNIO DE 2006 (RV). El Santo Padre Benedicto XVI recibió en Audiencia esta mañana al Presidente de la 60 sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas y Ministro de Exteriores de Suecia, Jan Eliasson. Así lo informó el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, en una declaración, en la que precisó que “el coloquio tuvo como tema central el proceso de globalización, del que se resaltaron algunas insuficiencias, sobre todo por el escaso relieve reconocido a la dimensión religiosa. Los derechos humanos también podrían perder consistencia sin la contribución de los valores religiosos”. Y tras informar que “se subrayó la exigencia de superar los contrastes y establecer puentes para que todos los aspectos de la globalización puedan contribuir al bienestar y a la convivencia pacífica de todos los pueblos”, el Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede indicó que “también se habló del aporte que el encuentro entre todas las religiones puede ofrecer a la paz y solidaridad entre todos los habitantes del planeta”. *** Este Boletín 422 - IX AÑO (Semana del 15 al 22 de junio de 2006) fue cerrado en la Ciudad del Vaticano el jueves 22 de junio de 2006 a las 10.00 Redacción: María Fernanda Bernasconi y Alvaro Vargas Martino Sección
de Lengua Española Relaciones
Internacionales América Latina Nota: Según las normas internacionales sobre la propiedad intelectual y los derechos de autor, los contenidos del Boletín semanal en español de Radio Vaticano pueden ser reproducidos total o parcialmente citando la fuente.
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